Llevo tiempo pillada con esto y sigo sin haber llegado a conclusión alguna. Todo empezó hace unos tres años un día que vi, a petición de mi hijo, Culpa mía, la peli que ven todas las de mi clase, me dijo. La verdad es que me quedé anonadada porque bajo un look moderno, crop tops, lenguaje aparentemente atrevido y toda la pesca, la película relataba un amor tóxico, lleno de clichés que una c reía superados, como que sin celos no hay amor verdadero. En comparación, Grease es una oda al feminismo. Me enteré de que la película adaptaba la trilogía Culpables, de Mercedes Ron, y durante un tiempo (y ante la vergüenza de mis hijos) me dediqué a preguntarles a sus amigas si habían leído el libro ­–sí, por supuesto–, si les gustaba –otros síes entusiastas– y mucho encogimiento de hombros ante mis rapapolvos. El día que un grupo de chicas vino a casa después de haber asistido a la mani del 8-M y me siguieron hablando de lo mucho que les gustaban Nick y Noah me acabó de explotar la cabeza.A partir de ahí, me adentré en este mundo de las romcom. Muchas nacen en Wattpad, la plataforma donde los lectores son también jurado, y donde la retroalimentación inmediata moldea la intensidad de cada capítulo; luego, libro y adaptación cinematográfica si hay suerte. Hablé con algunas editoriales, para que me contaran y tengo grabada en mi memoria una frase que me dijeron: “Nunca habíamos vendido un libro tanto en toda Iberoamérica desde García Márquez”. Que el romance tóxico de BookTok se consume masivamente es una evidencia.Una escena de 'Culpa mía', con Noah y Nick Prime VideoSiempre con la misma arquitectura (un modelo de amor edificado sobre el control, los celos presentados como prueba de deseo y el sufrimiento como moneda de cambio emocional), el fenómeno de las new adult romance ha dejado de ser un nicho editorial para convertirse en una industria que, en cifras absolutas, deja en evidencia a buena parte de la literatura considerada seria. La saga After de Anna Todd ha sido traducida a 35 idiomas y ha vendido más de doce millones de ejemplares. Ron acumula más de seis millones de ejemplares globales y una sala con entradas agotadas en la última Feria del Libro de Buenos Aires.Para situar esas cifras en perspectiva: Javier Marías, que ganó el premio Nacional de Narrativa, vendió en toda su trayectoria lo que Ron acumula en menos de diez años y con menos de diez títulos. O Colleen Hoover, la reina del género, que, con 35 millones de ventas, solo en el 2022 vendió más libros que Stephen King, James Patterson y John Grisham combinados (a ninguna de estas autoras las verán en un suplemento cultural, por cierto).El feminismo político se encalla, pero el narrativo avanza dentro del género de la novela románticaComo me sigue costando entender, también me interesó mucho el paper de Cuevas, Desmet y Ortuño Ortín (2021) donde se analizan las diferencias de preferencias entre hombres y mujeres usando datos de 45.397 intereses de Facebook en casi todos los países del mundo. El hallazgo central es que, en países con mayor igualdad de género, las diferencias entre hombres y mujeres aumentan en intereses ligados a un género. Las mujeres miran vídeos de cosmética y los hombres de motos y videojuegos; más cuanto más igualitario sea el país.Sumemos a esto que las Naciones Unidas documentaron que en el 2024 una cuarta parte de los gobiernos del mundo reportó un retroceso activo en derechos de las mujeres y que movimientos como el incel o el red pill han incrementado su visibilidad e influencia entre la juventud.Podemos cerrar los ojos y taparnos los oídos, pero todo esto merece una reflexión de por qué y cómo hemos llegado hasta aquí. Con autocrítica incluida. Yo, como les he dicho, estoy muy perdida.Mi mayor esperanza, fíjense, no reside en nuestros políticos –que no moverán una coma de sus discursos–, sino en las propias autoras del género que están reconociendo públicamente que hoy escribirían sus libros de otra manera, con personajes masculinos menos dominantes. El feminismo político se encalla, pero el narrativo avanza –despacio, con tropiezos– dentro del género que más le había costado. Puede que sea una señal menor. Pero en un momento en que las grandes conquistas se erosionan sin que nadie las derogue formalmente, que las autoras más leídas por adolescentes empiecen a reescribir qué significa querer bien no es un dato menor. Es, al menos, algo que leer con atención. Igual, lo que nos acaba salvando es el amor.