No me puedo sacar de la cabeza una frase de Ethan Hawke en la gala de los Oscar sobre los amores no correspondidos
Yo no creería en el amor irracional a primera vista si con 15 años no hubiese pasado noches enteras llorando a causa de un chico con el que nunca podría tener nada, lagrimones de esos que se deslizan hasta el interior del pabellón auditivo. Lo había ...
visto en una película. Nada más. Interpretaba en ese filme a un estudiante tímido llamado Todd Anderson al que sus padres le habían enseñado que lo único importante en la vida es estudiar y cuyo sistema de prioridades se tambalea al conocer a un profesor algo prognato que le enseña que hay que aprovechar los días y extraerle todo el meollo a la vida.
En el formol de las pantallas Todd Anderson jamás envejecerá. El actor que lo encarnaba, Ethan Hawke, sí lo ha hecho: conserva todo el pelazo, que no se peina a lo taza como el pulcro estudiante de Ivy League que me obsesionaba, sino hacia atrás, ligeramente engominado. Lo mueve de forma muy sexy cuando le paran en las alfombras rojas para que haga afirmaciones contestatarias y progresistas en un momento en el que en general los grandes de Hollywood se callan como cucarachas interesadas y cobardes.






