En un mundo en el que, sin demasiada resistencia, se va consolidando la idea de que la inteligencia artificial y su convergencia con la biotecnología, la genética, la robótica avanzada, la vida artificial va a permitir, por fin, alumbrar el posthumanismo, el desarrollo de interfaces cerebro-máquina definitivas, está emergiendo otra alternativa para el futuro de la humanidad: la recuperación del corazón cuando se le vincula a la piedad, al consuelo, al afecto, al amor, a la fe o a la caridad.La recuperación de expresiones como dejarse guiar por el corazón, sentir con el corazón o abrir el corazón, que no hace mucho eran una forma sencilla de señalar que también las emociones debían orientar las decisiones humanas, empieza ahora a convertirse en un imperativo ético y moral para afrontar los retos humanos. Getty ImagesEl papa León XIV, que fue prior general de la orden de san Agustín durante más de diez años, apela al “corazón inquieto” al que se refiere san Agustín en las Confesiones para llegar a Dios: un corazón capaz de dialogar y de poner límites a la inteligencia artificial. Este lunes 25 de mayo, con el título Magnifica humanitas, León XIV buscará situar al ser humano, su dignidad, en el centro de la revolución tecnológica.El corazón humano deviene una alternativa a la red de neuronas digitales de la inteligencia artificialEs también el corazón que reivindica el pensador Alejandro Gándara, quien propone “pensar con el corazón” para poder perdonar, para restablecer la dignidad, para amar. Así, el corazón que bombea la sangre por todas las arterias adquiere la dimensión de una metáfora que anhela recuperar la esperanza en las relaciones humanas. Esa esperanza que la inteligencia artificial, promovida por megatecnólogos como Peter Thiel, Alexander Karp, Elon Musk o Sam Altman, parece querer sustituir por la promesa de un mundo perfecto, eficiente, preciso, verificable, algorítmico y permanentemente conectado con la máquina, que ha de permitir a los hombres emanciparse de las limitaciones de su cuerpo y de su mente. El órgano del corazón humano deviene así una alternativa a la red de neuronas digitales de la inteligencia artificial que contrapone el pensar con el corazón a pensar solo con datos.El ideal que proyecta la IA que nos hará libres –porque ya no estaremos sometidos al desgaste de una democracia ineficaz, del trabajo o de la enfermedad cuando las máquinas piensen por sí solas– precisa la desconfianza y el desencanto en uno mismo para hacerse realidad.La puesta de nuevo en circulación de expresiones como abrir el corazón por parte de la sociedad debemos entenderla como la expresión de un nuevo tiempo, en el que la defensa de lo humano pasa por reconocer su vulnerabilidad.
Pensar con el corazón, por Fèlix Riera
En un mundo en el que, sin demasiada resistencia, se va consolidando la idea de que la inteligencia artificial y su convergencia con la biotecnología, la genética, la robótica avanzada, la vida artificial va a permitir, por fin, alumbrar el posthumanismo, el desarrollo de...















