Opinión

Editorial

EDITORIALNinguna inteligencia artificial podrá suplir la capacidad creativa de la vivencia personal.

La inteligencia personal y colectiva siempre está en constante construcción. “Nunca se deja de aprender”, dicen aún los abuelos y los maestros, para inspirar a los más jóvenes y no tan jóvenes en el camino de la curiosidad y el cultivo del acervo, en el cual la lectura siempre aporta nuevas piezas para seguir descifrando el rompecabezas de la vida.

Y la imagen del rompecabezas no es casual, vivimos en una época en la que casi todo cabe dentro de una pantalla: leemos noticias en el teléfono, estudiamos desde una tableta, trabajamos frente a un monitor y hasta descansamos viendo contenido digital. Y eso está bien, tenemos acceso a información las 24 horas. Pero esto, a su vez, suele causar dificultades para la atención sostenida, tan necesaria para el análisis crítico de situaciones, desafíos y decisiones.