Los jóvenes tienen motivos para la desesperanza. De poco les vale eso que tanto les han inculcado sus progenitores sobre esfuerzo, formación (el 31,4% tiene estudios superiores), idiomas, trabajo... si la realidad con la que se encuentran es que no pueden echar a volar del nido familiar. Y eso a pesar de una mejora general de los indicadores laborales en 2025, con un salario mediano de la juventud asalariada que ha crecido un 1,7% interanual, situándose en 14.292,22 euros anuales, mientras que la tasa de paro descendió hasta el 17,2%, su mínimo en un segundo semestre desde antes de la Gran Recesión (2012). En este momento, solo uno de cada cuatro jóvenes con trabajo puede independizarse, y el 20% de los ocupados está en riesgo de pobreza. La tasa de emancipación entre quienes tienen formación universitaria apenas alcanza el 20,4%.Este es el panorama que dibuja la nueva edición del Observatorio de Emancipación que elabora cada año el Consejo de ka Juventud de España, que señala que en el año 2025 solo el 14,5% de las personas jóvenes (16 a 34 años) había abandonado el hogar familiar, el peor dato desde que existen registros, el 2006. La edad estimada para poder independizarse supera ya lo que se considera el umbral de juventud, situándose en los 30,2 años.El acceso a la vivienda depende cada vez menos del empleo y más de los recursos de la familiaPero ¿por qué las mejoras laborales no permiten a los jóvenes iniciar su propia vida? La respuesta hay que buscarla, como en los últimos años, en las dificultades persistentes y cada vez más intensa en el acceso a la vivienda. A finales de 2025, alquilar una vivienda libre costaba de media 1.176 euros mensuales, el precio más alto desde que existen registros. Esto suponía un esfuerzo del 98,7 % del salario de una persona joven asalariada, una cifra que pone de manifiesto la imposibilidad para emanciparse en solitario, señala el citado informe.El informe muestra cómo el riesgo de pobreza entre jóvenes que viven de alquiler pasa del 25,9% antes de pagar la vivienda al 43% después de hacerlo, reflejando el impacto que tienen los costes residenciales sobre la situación económica juvenil. Además, casi la mitad de los hogares jóvenes en alquiler se encuentran sobreendeudados.¿Y compartir? El alquiler por habitaciones continúa creciendo aceleradamente, con un incremento del 85,4% desde 2022. Sin embargo, esta modalidad tampoco garantiza accesibilidad para la juventud: el precio mediano de una habitación alcanza ya los 400 euros mensuales.La entrada necesaria para acceder a una hipoteca se sitúa en torno a los 66.900 eurosY comprar es una quimera. El precio medio de una vivienda libre alcanzó el año pasado los 223.000 euros y la entrada necesaria para acceder a una hipoteca se sitúa en torno a los 66.900 euros. Una persona joven necesitaría destinar íntegramente 4,7 años de salario para reunir esa cantidad.Unas cifras que describen “una crisis sin precedentes, generada por una política de vivienda que ha fallado de forma sistemática y continuada a los jóvenes, y una sucesión de gobiernos que lleva demasiados años mirando estos números sin actuar a la altura de lo que exigen”, señala el informe. Se recuerda con sarcasmo que “la vivienda no se ha encarecido sola, que los salarios no han quedado atrás por accidente y que la emancipación no ha caído mientras el empleo mejoraba por una paradoja inexplicable: ha caído porque no existe una política pública de vivienda”, sentencia.¿Qué hacer? El Observatorio muestra cómo la posibilidad de permanecer más tiempo en el hogar familiar o recibir apoyo económico para afrontar alquileres y entradas hipotecarias se ha convertido en un factor decisivo para poder emanciparse. El acceso a la vivienda depende cada vez menos exclusivamente del empleo y más de los recursos económicos disponibles en el entorno familiar.El Consejo de la Juventud advierte de que esta situación está consolidando nuevas formas de desigualdad generacional, donde las oportunidades de autonomía y estabilidad dependen crecientemente de la posición socioeconómica de partida y no únicamente de las trayectorias personales o laborales de la juventud.PrecariedadA pesar del aumento real del 1,7% en los salarios de las personas jóvenes, tres de cada cuatro jóvenes con empleo no estaban emancipadas. Ocurre que el 33% de las personas jóvenes empleadas trabajaba a tiempo parcial, lo que supone un ligero incremento de 0,6 puntos porcentuales respecto al año anterior. Esta modalidad contractual presentaba además una marcada desigualdad por sexo: de las personas empleadas, el 29,5% de los hombres jóvenes trabajaba a tiempo parcial, frente al 37% de las mujeres. Además, el 15,1% compatibiliza estudios y trabajo.Redactora jefa de La Vanguardia en la delegación de Madrid, especializada en temas sociales. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.