Petra Secundino, de 45 años, aprendió de su madre a bordar. Como la mayoría de las mujeres de su región, es madre, esposa y artesana. Toda su vida se ha desarrollado en Naupan, un pequeño municipio entre montañas y niebla, de apenas 9.000 habitantes. Nunca imaginó que su habilidad para bordar la llevaría a subirse a un avión, a salir de su país, o a representar a su comunidad. Mucho menos pensó que su imagen daría la vuelta al mundo o que ayudaría a revalorizar la artesanía textil. Lo que ella soñó fue un trabajo estable para poder sacar adelante a su familia, y lo demás vino después. Actualmente, Secundino encabeza un grupo de más de 150 artesanas, de origen náhuatl, creadoras de la colección que vestirá a la Selección Mexicana en la Copa del Mundo 2026. Para las artesanas, este logro no comenzó hace 15 meses cuando inició la colaboración con Adidas, sino que se remonta a un esfuerzo de más de una década. “Hace 14 años llegaron unos chicos de preparatoria a querer trabajar con nosotras, ahí tuvimos que tomar la decisión de ser parte o no correr el riesgo. Nos ganó el decir que sí y vivir una experiencia nueva”, relata Secundino. Este proyecto se convirtió en Someone Somewhere, una empresa social que busca ser el puente entre las comunidades rurales y el mundo de la moda. Otro objetivo es lograr la trazabilidad de la ropa, para que quien use las prendas pueda saber de dónde viene, quién la hizo y bajo qué condiciones. Para esto, cada prenda cuenta con una etiqueta con el nombre de la artesana y un código QR en el que se puede conocer más de ella y enviarle un mensaje. “Al principio fue complicado reclutar a las compañeras, se ponían a trabajar a escondidas mientras sus esposos estaban en el campo. Incluso pedían que su nombre no se pusiera en las etiquetas. Ahora son ellos quienes las animan a formar parte del taller y participar en las actividades”, cuenta Secundino. En la colaboración para el Mundial participaron un 6% de las mujeres en edad productiva de Naupan. “La demanda de trabajo que genera Someone Somewhere hoy es suficiente para que cualquier mujer dentro de la comunidad que quiera trabajar pueda trabajar”, explica Amapola Rangel, antropóloga social, encargada del área de impacto en la empresa. “Se ha invitado a mujeres de todo el municipio a participar, haciendo convocatorias en los mercados locales, en las redes sociales de las comunidades, incluso con visitas de comunidad en comunidad”, detalla Rangel. Uno de los mayores logros de la empresa ha sido que desde hace cinco años las artesanas de la Sierra Norte de Puebla han tenido un trabajo estable de tiempo completo durante todo el año. “En el sector artesanal siempre hay picos y valles de producción que no les permiten a las artesanas tener certidumbre sobre sus ingresos”, explica Antonio Nuño, CEO de Someone Somewhere. “Ahora las artesanas no tienen que preocuparse si sus hijos van a estudiar o no, sino qué van a estudiar. El tener un ingreso estable les da la posibilidad de planear”, comparte. La colección de 100.000 piezas artesanales consiste en tres jerseys negros, pants, shorts, un vestido y una chamarra con el escudo nacional bordado y detalles florales en las franjas tricolores. Este es el proyecto más grande que ha llegado a manos de las bordadoras en esta región. Para cumplir con las exigencias de volumen y control de calidad, las artesanas mudaron su lugar de trabajo, de sus hogares a tres talleres. Este espacio garantiza que todas puedan contar con las mismas condiciones para trabajar, como mobiliario cómodo, ventilación adecuada y luz eléctrica. Condiciones que en pocas ocasiones cumplen sus casas. “Uno de los efectos colaterales que ha tenido este trabajo es que el taller se ha convertido en un lugar seguro. Salen de ambientes de violencia intrafamiliar y estar en el taller les permite relajarse o sentirse apoyadas y con la esperanza de poder construir su camino fuera de la violencia”, cuenta Rangel. Las artesanas también han recibido capacitaciones no solo sobre diseños y usos de nuevos materiales, sino que también han aprendido a costear, manejar inventarios, organizar cuestiones logísticas y mantener la autonomía. Antes de Adidas, han colaborado con Lacoste, Uber, Google y Chobani. En Naupan los lunes son de plaza. Las personas salen a la calle a vender sus productos: chiles, café, bordados. “Antes las artesanas se percibían como competidoras en un mercado escaso, ahora se perciben como compañeras que trabajan por un objetivo en común”, explica Rangel y relata cómo todas solían vender el mismo producto en los mismos lugares, lo que se prestaba a que los vendieran a precios muy bajos. Durante los 15 meses de colaboración con Adidas se realizaron múltiples visitas de las casas auditoras globales para garantizar pagos justos y condiciones dignas de trabajo.Una comitiva del equipo de Impacto viaja cada semana a Naupan. En una camioneta salen a las seis de la mañana para recorrer los 200 kilómetros que los separan de la Ciudad de México. La antropóloga explica que este trabajo les ha permitido a las artesanas relacionarse en espacios que antes no lo hacían. “Estas experiencias las han hecho ganar mucha confianza y adquirir seguridad para ocupar nuevos roles dentro de la comunidad en donde antes no se consideraba a las mujeres: comités del agua, de las escuelas, de los comedores comunitarios. Incluso ya no suena descabellado pensar que alguna de ellas pueda postularse a candidaturas municipales”, dice Rangel. Por ser el primer jersey de la historia bordado a mano por mujeres indígenas, una camiseta de la colección ingresó la semana pasada al museo oficial de Adidas en Herzo, Alemania. Ahora es custodiada junto con los balones de todas las finales de las Copas del Mundo desde México 1970, los primeros tenis diseñados con las tres rayas emblemáticas de la marca o los tacos que utilizó Lionel Messi en la final de Qatar 2022. Para Petra viajar a Alemania a depositar esta prenda en el archivo histórico, en representación de su comunidad, significó una serie de primeras veces: subir a un avión, pasar días lejos de su familia, experimentar jet lag o probar un croissant. Ella resume la experiencia así: “Te diría que cumplí un sueño, pero nunca pensé que podía imaginar ese momento”.