¿A quién no le gustan las gangas? Y más al invertir en Bolsa. Comprar acciones, buenas, bonitas y baratas. Esa es la obsesión de muchos gestores de activos. Pero no es fácil. Casi siempre hay un pero a esa inversión. En el caso de John Tidd y su gestora de fondos Hamco Asset Management, la obsesión por cazar gangas se lleva al límite.Para analizar si una compañía está cara o barata se utilizan varias métricas. Se puede ver la relación entre el precio de la acción y el valor en libros. Si ese cociente es menor de 1, quiere decir que la compañía cotiza por debajo del valor contable que tienen sus activos. Mala señal. También se utiliza el ratio precio-beneficio (PER, por sus siglas en inglés). Indica cuántos años tardaría en recuperarse la inversión al ritmo actual de beneficios. Las tecnológicas cotizan a 40 o 70 veces beneficio. Eso quiere decir que el mercado confía en que los resultados se van a disparar. Lo más frecuente en mercados maduros es que las compañías tengan un PER de entre 10 y 20 veces, dependiendo del sector.En el caso del fondo estrella de John Tidd, las valoraciones se salen de las métricas. Literamente. No hay prácticamente ningún fondo en España con el que se pueda comparar. De hecho, él habla no ya de buscar valor, el famoso estilo value investing popularizado por Warren Buffett. Tidd habla de deep value. “Yo no me dedico a pescar pececillos a la orilla del lago, yo salgo a pescar a mar abierto”. Fuera de la gráficaEn el fondo Hamco Global Value, las empresas en cartera cotizan a la mitad del valor en libros, mientras que en los grandes índices de Bolsa mundial lo habitual es que las compañías coticen a más de dos veces el valor en libros. Es decir, están un 350% más caras que las que elige Tidd y su equipo. En cuanto al PER, el fondo de Hamco tiene compañías a 7,43 veces, mientras que en la Bolsa mundial están a 14 veces. En las tablas comparativas de fondos que prepara la firma de análisis Morningstar, las métricas de Hamco se salen de la gráfica. Literamente.“En los últimos años no nos ha ido mal, pero solo hemos logrado alrededor de un 10% de rendimiento medio, y eso me parece muy insuficiente, yo aspiro a lograr el 15% anual, e incluso algo más”, explica Tidd, en un encuentro con periodistas. Su retorno medio en sus 30 años de trayectoria como gestor ha sido del 17%.Puede parecer que la diferencia entre lograr un 10% anual o un 15% no es para tanto. Pero en el muy largo plazo es una diferencia colosal. Con una inversión de 100.000 euros, en 20 años, al 10% se obtienen 670.000 euros, mientras que al 15% se obtienen 1,63 millones de euros. Casi el triple. Por el efecto del interés compuesto.John Tidd es fundador, consejero delegado y responsable de inversiones de Hamco, que gestiona más de 250 millones de euros y cuenta con más de 8.000 partícipes. Dos fondos luxemburguesesLa gestora articula su propuesta alrededor de dos fondos, registrados en Luxemburgo —Hamco Global Value Fund y Hamco Quality Fund—. Ambos tienen una cartera global, con baja correlación respecto a los índices y otros fondos comparables.El Hamco Global Value Fund representa la vertiente más pura del deep value, con una cartera diversificada de entre 80 y 90 compañías que cotizan con fuertes descuentos. Por su parte, el Hamco Quality Fund busca negocios más estables y rentables, con menos posiciones —entre 50 y 60— y una mayor concentración. En ambos casos, la constante es la búsqueda de múltiplos bajos frente al mercado, lo que refleja una disciplina de valoración que la firma considera clave para generar retornos a largo plazo. En esa vocación internacional, el fondo tiene compañías de todo el mundo. Ha estado invertido en la Bolsa de Argentina, de Canadá, de Sudáfrica... Además, suelen apostar, especialmente en el fondo deep value, por compañías de pequeña capitalización.¿Y cómo puede ser que las empresas en las que invierten coticen con tanto descuento? “Depende mucho del caso”, explica Tidd. “A menudo es simplemente porque al ser pequeñas pasan por debajo del radar de las grandes casas de análisis, y no están incluidas en índices, lo que hace que no reciban los flujos de fondos indexados”. En ocasiones, apunta el gestor, “puede que haya algún problema en la matriz, que hace que el mercado no aprecie el negocio que tienen las filiales”.Respecto al motivo por el que los últimos años han sido más flojos, el inversor estadounidense cree que la clave es que no ha habido grandes crisis bursátiles, como ocurrió con el Covid. “Es en esos momentos críticos, extremos, donde mejor se pesca”. Eso implica, invertir cuando las compañías se han desplomado más de un 30% o un 40% y el pánico cunde en el mercado.