Eran casi las diez de la noche cuando de repente, una noche de abril de 2025, se hizo la oscuridad en casa de Raquel Ruiz. En el piso que aún comparte en la calle Llançà, en el Eixample de Barcelona, ella y sus compañeros razonaron que debía de ser un problema del edificio, pero rápidamente vieron que había luz en el resto de los hogares. Frente al cuadro de luz, inquietos, no encontraron explicación al apagón. Así que no les quedó más remedio que llamar a Zurich Seguros y esperar, momento en el que los cuatro inquilinos se disgregaron: dos se fueron a dormir y Ruiz y otro compañero se prepararon una cena iluminando los fogones con la interna del teléfono móvil. Una cena que comieron en el rellano, el único lugar donde se colaba un poco de luz procedente de la escalera. El profesional de la aseguradora llegó rápido, en menos de una hora. Y la incidencia se solucionó en apenas segundos. “El técnico fue muy amable y lo resolvió en seguida. Apretó un botón en el cuadro eléctrico y volvió la luz. Fue todo rápido y eficaz”, recuerda esta videógrafa de 24 años. En su caso, el apagón hizo saltar rápidamente las alarmas. Pero las compañías eléctricas advierten de que hay otras señales que nos pueden poner sobre aviso de que hay una anomalía en una vivienda. Por ejemplo, que se detecten chispazos o un calentamiento inusual en enchufes, cables o interruptores. También hay que estar atentos a zumbidos, crujidos o pequeños estallidos que pueden estar causados por un fallo en cualquier punto de la instalación. Y a otras circunstancias inusuales, como parpadeos o variaciones en la intensidad de la iluminación, que los interruptores automáticos salten de forma recurrente o el mal funcionamiento de un electrodoméstico.