El president de la Generalitat podía sacar pecho este miércoles de haber sellado con Oriol Junqueras -católico como él- la Santa Alianza por los Presupuestos de la Generalitat. “No es un punto de llegada de nada, es un punto de salida”, decía Salvador Illa, como concesión a un socio que ha firmado con alboroto en su patio interior. “Hoy tiene un acuerdo porque, una vez más, Esquerra ha tenido que poner la ambición nacional que a usted siempre le ha faltado”, proclamaba el líder parlamentario republicano Josep Maria Jové, en una intervención sin repregunta, despachada con prisas y con pinta de justificación ante la propia parroquia más que advertencia al president. Será por casualidad, pero Jové ha abandonado el hemiciclo apenas terminado su turno. Tampoco había un gran entusiasmo en los aplausos del grupo parlamentario de ERC a su jefe de filas, que sonaban, más que nunca, a exigencia del guión. Illa podía sacar pecho en ese asunto clave, digo, pero en la atmósfera del hemiciclo se respiraba más la inquietud por la rebelión en las aulas. A estas alturas de la película, ya está claro que el acuerdo de Ensenyament con los sindicatos CCOO y UGT ha pinchado. Incluso puede parecer que ha enervado los ánimos aún más en algún sector de profesores. Consciente de ello, el Govern ha pasado de dar por cerrada la negociación, prescindiendo de las quejas de los otros sindicatos (mayoritarios entre los docentes públicos), a admitir que se puede seguir hablando. Seis veces ha pronunciado Illa la expresión “mano tendida” para resolver la crisis con los maestros, más una de la consellera Ester Niubó. Siete manos para negociar donde hace sólo unas semanas se decía que no había que hablar nada más. Una plantada de pupitres frente a la Sagrada Familia y varias calles cortadas han evidenciado que tal vez hubo precipitación y entusiasmo injustificado al anunciar ese primer acuerdo. Ningún grupo, apenas, ha renunciado a hurgar en la herida. Incluso los Comunes, que no han puesto la resolución del conflicto como línea roja para aprobar los presupuestos, animaban al Govern a volcar más recursos en la Educación: “si necesitan más margen presupuestario para poder llegar a un acuerdo con los sindicatos (…) nosotras estamos dispuestas a recalendarizar algunas de nuestras propuestas para que sea así”, afirmaba Jessica Albiach. Sin duda, la escuela soñada de Alejandro Fernández (PP) –“[cuando yo estudiaba] a los profesores los tratábamos de usted”- no es la de Pilar Castillejo (CUP) –“una escuela pública de calidad, inclusiva realmente, en catalán…”-, pero la gestión del conflicto que ha hecho hasta ahora el gobierno los ha colocado en el mismo bando. La educación es material sensible y es evidente que hay una alarma social por cosas como los resultados académicos o la falta de medios para cumplir con la escuela inclusiva. Y si Salvador Illa ofrece seis veces en media hora la “mano tendida”, es porque el mensaje ha calado también en el president.
La Santa Alianza y la rebelión en las aulas
Seis veces ha pronunciado Illa la expresión “mano tendida” para resolver la crisis con los maestros













