Oriol Junqueras está pagando un alto precio por aprobar seis meses tarde los presupuestos de la Generalitat de Salvador Illa para 2026. La teoría era que en noviembre del año pasado le iba a costar mucho políticamente a los republicanos respaldar las cuentas. Pero la realidad ha sido muy diferente. Este mayo está siendo mucho más complicado para la Generalitat. Y eso supone que ERC se está comiendo un montón de sapos cuando en realidad ya hubiera podido apoyar unas cuentas que hubiesen sido esencialmente las mismas. Y sin todos esos problemas. El principal punto polémico es el sindicato Ustec, que le ha exigido a ERC que no apoye los presupuestos de la Generalitat si no se incluyen las partidas para las subidas de salarios de los profesores, que están sumidos en una larga huelga. Y los republicanos les han dado la espalda, aunque tradicionalmente han estado muy ligados a esta central sindical. De hecho el Consell Nacional de ERC ha avalado la decisión de pactar los presupuestos. Ha sido por unanimidad aunque Joan Tardà pidió una votación, al final le dijeron que por estatutos esta opción no era posible. En una carta enviada a todos los diputados del Parlament, Ustec señala: “No se puede hablar de un verdadero acuerdo de país por la educación si el presupuesto no recoge las necesidades de los centros y las reivindicaciones del personal docente y educativo". ERC ha dejado muy claro que el problema de los profesores no condicionará su aprobación de las cuentas. Y, por cierto, en noviembre del año pasado no había estallado la crisis en la enseñanza catalana. Lo mismo ha pasado con la figura de Josep Lluís Trapero, director general de la Policía autonómica. ERC ha pedido su dimisión por haber infiltrado dos agentes en una asamblea de profesores. Ahora tiene que respaldar los presupuestos de Illa y asumir la debilidad de no haber podido forzar la marcha de Trapero. Otro problema que tampoco tenían en noviembre. Opinión ERC ha visto que desde noviembre ha mejorado en las encuestas. En teoría, en las últimas autonómicas tocó fondo. Y es imposible saber si esa mejora se hubiese producido en caso de haber votado a favor de los presupuestos de Illa cuando tocaba. Contradicción evidente En la aprobación de los presupuestos hay otra contradicción evidente que los republicanos también se habrían ahorrado en noviembre de 2025. La apuesta por un tren orbital que una toda la segunda corona metropolitana cuando Rodalies sigue funcionando de un modo muy deficiente y la consellera de Territori, Silvia Paneque, ha sido reprobada dos veces en el Parlament, votos de ERC incluido, resulta complicado de explicar a sus votantes. Por cierto, en noviembre tampoco había estallado esta crisis ferroviaria, la peor que ha sufrido el gabinete de Illa. Ahora ha quedado en evidencia que no fue una buena idea pedir la gestión del IRPF para Cataluña. Fracasar en este punto le ha dado a ERC imagen de debilidad. Los otros logros de la negociación, como el Consorcio de Inversiones o una mayoría de la Generalitat y el Ayuntamiento en el Consorcio de la Zona Franca, contra el peso del Estado, resultan más bien simbólicos. En el fondo no cambia nada. No parece que esperar seis meses le haya servido de nada al ciudadano. Y la utilidad para ERC en términos políticos está por ver. Oriol Junqueras está pagando un alto precio por aprobar seis meses tarde los presupuestos de la Generalitat de Salvador Illa para 2026. La teoría era que en noviembre del año pasado le iba a costar mucho políticamente a los republicanos respaldar las cuentas. Pero la realidad ha sido muy diferente. Este mayo está siendo mucho más complicado para la Generalitat. Y eso supone que ERC se está comiendo un montón de sapos cuando en realidad ya hubiera podido apoyar unas cuentas que hubiesen sido esencialmente las mismas. Y sin todos esos problemas.