De la misma forma que ocurre en otros ámbitos de la vida, en los centros de entrenamiento también hay ‘códigos’ implícitos que se deben seguir. Sacarse la remera, andar descalzo, ofrecer ayuda o consejos sobre cómo se hacen los ejercicios o sacarse fotos son algunos de los dilemas que desatan quienes no acostumbran moverse en el círculo ‘fit’.En una encuesta a más de mil personas que habían sido socias de gimnasios y dejaron de serlo el Consejo Americano de Ejercicio (ACE, por sus siglas en inglés) descubrió que el 46 por ciento de ellos dejó de ir al gimnasio porque ‘siempre hay demasiada gente’ y que, en segundo lugar, se irritaban con las malas costumbres de los asistentes.¿Qué es lo que se permite y qué es lo que está mal visto? A continuación, Francisco Piperatta, entrenador de famosos conocido como ‘oso trainer’ y director del San Juan Tenis Club, ahonda en algunas de las acciones más recurrentes y explica cómo son recibidas por los colegas.Frente a esta conducta Piperatta es tajante: “Para pavear no da grabar. Siempre se desatan problemas porque los que se graban en los vestuarios o haciendo rutinas no tienen en cuenta que quienes están circulando cerca son filmados sin su consentimiento”.Añade además que son objeto de desconcentración para quienes intentan seguir la cuenta de las series que van haciendo o que quieren “entrenar en serio”.Quienes sí se salvan de esta regla son los entrenadores que, según explica, suelen filmar a sus clientes para marcar errores.Quienes se graban en el gimnasio son objeto de desconcentración para quienes intentan seguir la cuenta de las series que llevan haciendo ShutterstockA menos que alguien esté en peligro y haya que interrumpirlo de manera urgente, esto no está bien visto. “Hay personas que usan máquinas para las que no están capacitadas o que son para atletas de alto rendimiento; en esos casos hay que frenarlos o advertirlos, pero siempre como norma se entiende que la ayuda viene de parte de un profesional”, insiste Piperatta.En el caso de los ‘no profesionales’ que aconsejan, agrega: “No saben lo que indican y terminan cometiendo dos errores en vez de uno: asesoran mal a la otra persona y hacen algo que nadie les pidió”.Piperatta no lo cuestiona: “Siempre hay que limpiar las máquinas, no hay excepciones”. Hacerlo, agrega, es una muestra de respeto por los colegas y por el lugar; revela también que es ideal hacerlo incluso si se usaron poco los elementos del lugar o si no se transpiró.Aunque varios de estos centros ofrecen toallas, trapos y alcohol para limpiar, el entrenador de las estrellas refuerza: “No está demás llevarse estos productos por cuenta propia en el bolso de entrenamiento”.Uno debe asegurarse de limpiar los equipos y elementos usados durante el entrenamientoGETTY IMAGES“Llegar tarde es una falta de respeto no solo al profesor que está dictando una clase, sino también a los compañeros”, enfatiza Piperatta. Hacerlo, desarrolla, enlentece el ritmo de la clase porque el instructor deberá explicar los ejercicios previos o indicar una entrada en calor.“Algunos también llegan y se cruzan por todo el salón para buscar colchonetas o elementos que están adelante y terminan rompiendo con la dinámica de la clase”, agrega. Lo mismo, menciona, ocurre cuando se retiran antes de tiempo.Es un ámbito en el que la línea entre la motivación para entrenar y el apoyo emocional se vuelve difusa. Hay entrenadores que, además de dar correcciones técnicas y armar rutinas, escuchan las historias de vida de sus clientes. Se convierten, cada vez más, en confidentes y terapeutas improvisados.De acuerdo con Piperatta, los profesionales que se incomodan con esto suelen conversarlo y establecer límites. Sin embargo, agrega, no es lo usual. “En mi caso entiendo que más allá de trabajar con objetivos de salud y estéticos, lo que hago tiene un impacto directo en la autoestima. No por nada los entrenadores solemos ser personas bastante motivadoras”, dice.Por último, destaca: “Cuando van progresando y se sienten mejor, se acercan y capaz te dicen ‘tal cosa que me dijiste me levantó mucho el ánimo o me ayudó a quererme’ y ese tipo de reconocimientos es de lo más lindo que trae la profesión”.Hay entrenadores que, además de dar correcciones técnicas y armar rutinas, escuchan las historias de vida de sus clientesVladimirs PoplavskisGimnasioEntrenamientoFitness