Pese a la notable reducción de la brecha de género en la práctica deportiva y el aumento de mujeres que practican entrenamientos de fuerza, la intimidación, el acoso y los consejos no solicitados hacen que muchas sientan que el gimnasio no es un lugar seguro ni agradable
El gimnasio suele presentarse como un espacio técnico y casi neutro en el que solo importan los ejercicios y los resultados. Sin embargo casi ningún espacio es neutral. Así lo cree Ricardo Tagle, fundador de la Plataforma de Salud y Bienestar
rel="" title="Dirección URL original: https://www.instagram.com/thehumanlabcl/. Haga clic o pulse si confía en este vínculo." data-link-track-dtm="">The Human Lab: “Los lugares también comunican ideas, valores y jerarquías: qué cuerpos son visibles, qué esfuerzos se celebran, qué formas de moverse se consideran válidas y cuáles quedan fuera. En ese sentido, el gimnasio no es solo un lugar para entrenar; es también un escenario cultural donde se reproducen, a veces sin intención, mandatos sobre rendimiento, apariencia, disciplina y valor personal”, asegura.
Emma S. Cowley y Jekaterina Schneider han puesto en marcha un estudio en el que señalan que, pese al aumento de membresías de gimnasios, las mujeres son menos activas que los hombres. Además, se sabe poco sobre las barreras a las que se enfrentan las mujeres cuando navegan por los espacios de entrenamiento. “En el gimnasio, al igual que en otros ámbitos de la vida, las mujeres a menudo sienten que son vistas como ‘demasiado’ o ‘insuficiente’, lidiando con críticas sobre su apariencia, su rendimiento e incluso el espacio que ocupan”, aseguran. “Si bien la presión por estar superdelgada está disminuyendo, el creciente enfoque en ser musculosa y atlética está creando nuevos desafíos. Está impulsando estándares poco realistas que pueden afectar negativamente la imagen corporal y el bienestar general de las mujeres”, advierten.






