Calentar, entrenar, estirar y… hacer un selfi. O no. Ese era para muchos su ritual de entrenamiento, algo tan habitual que había gimnasios que cuentan con espejos con textos que invitan a sus miembros a tomarse una fotografía en la que, por descontado, aparece el nombre del gym. Una esquina instagramera de las que se han establecido en ciudades o restaurantes, que sirve como treta promocional. Sin embargo, frente a los espejos que invitan a hacerse selfis han proliferado los que, directamente, los prohíben. Los habituales de las salas de entreno habrán notado como, en los últimos meses, es cada vez más habitual encontrarse con carteles que prohíben expresamente que se tomen fotos o vídeos.

Esto es, en parte, debido a la proliferación de los denominados gym influencers, o sea, que muestran sus rutinas de entrenamiento para ganar seguidores, que se quedan o bien por los consejos fitness o, simplemente, por las vistas. Y en las vistas está el problema. Una mujer llamada Bridget Turro explicó a The Cut, la publicación especializada en moda del New York Magazine, que navegando en TikTok se topó con un vídeo de una clase de yoga impartida en el centro CorePower en el que ella aparecía tras la mujer que se había grabado a sí misma. “Me sentí insegura y me hizo temer que no es posible entrenar sin que te graben”. Tras leer algunos comentarios desafortunados (uno de ellos era “¡La chica de atrás está bastante gorda!’), no ha vuelto a acudir al centro.