Las redes sociales están llenas de vídeos en los que mujeres hacen sentadillas o se limitan a ver la tele sobre una plataforma vibratoria que según aseguran, les ayudan a perder peso y mejoran su densidad ósea. Pero, ¿es oro todo lo que vibra?

Quienes hayan sido atrapadas por el algoritmo del fitness, habrán comprobado que los vídeos en los que las internautas usan mascarillas LED han dejado paso a aquellos en los que la gente entrena sobre una plataforma vibratoria mientras alaban las bondades de este dispositivo que encuentra en las Power Plate, que llenaron los centros deportivos, su antecedente. “Para mí, entrenar fuera de la pista de tenis es tan importante como hacerlo dentro. Con Power Plate puedo ac...

elerar mi entrenamiento fuera de la cancha y maximizar sus beneficios”, asegura Serena Williams.

Gary Brecka, que se autoproclama experto en longevidad y que ha trabajado con Kendall Jenner y Hailey Bieber, asegura que subirse a estas plataformas puede ayudar a mejorar tanto la densidad ósea como la circulación y es capaz de favorecer el drenaje linfático.

En realidad, las plataformas vibratorias fueron creados en la época victoriana por el doctor Gustav Zander. Fueron más adelante mejoradas por la ciencia moderna, que hizo que en los gimnasios se popularizara su uso. La llegada de la pandemia empujó a muchas marcas a crear dispositivos con los que la gente pudiera entrenar en casa —un buen ejemplo son las cintas de correr plegables—, y ese fue el punto de partida del boom de las máquinas con las que entrenar sin tener que pisar un gimnasio.