El investigador de la Universidad Pública de Navarra considera que no hacerlo no sería ético dado el conocimiento que se tiene sobre sus efectos
Mikel Izquierdo (Pamplona, 55 años) lleva casi tres décadas siendo profesor del Máster en Alto Rendimiento Deportivo del Comité Olímpico Español, pero dice que la competición más interesante no está en bajar décimas en una pista, sino en evitar que la cama inmovilice a una persona mayor. Envejecer bien, dice, es “conservar la fuerza para moverse, una mente clara para decidir y la capacidad de recuperarse rápido cuando la vida tropieza”. Y para conseguirlo,
da-que-puede-revolucionar-la-medicina-moderna-el-ejercicio.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/salud-y-bienestar/2025-02-04/la-terapia-olvidada-que-puede-revolucionar-la-medicina-moderna-el-ejercicio.html" data-link-track-dtm="">el ejercicio es clave.
Aplicando los mismos principios que utilizaba en el alto rendimiento —medir, individualizar y progresar— ha visto cómo el ejercicio se puede convertir en una medicina para combatir la fragilidad, que se ve en la ralentización de la marcha, de la capacidad para levantarse y sentarse en una silla o la fuerza de agarre de la mano. Vio que esa fragilidad, que hace que una persona sea menos dueña de su propia vida, se puede evitar con un plan de ejercicio bien diseñado, dosificado y aplicado como si fuese un fármaco. Y considera que, una vez que se tiene este conocimiento, no es ético no aplicarlo para ayudar a envejecer mejor.






