Procuremos ser útiles. La vida que nos dejan llevar se va volviendo más áspera cada día que pasa, pero poco a poco, para que nos vayamos acostumbrando casi sin notarlo; más difícil, más amarga y más rasposa. Necesitamos, cada vez más, momentos de ánimo, de estímulo, de contento y de satisfacción. Yo tengo uno y quiero compartirlo con ustedes, porque estas cosas pasan pocas veces. Eso es ser útil.En el legendario teatro Lara, de Madrid, se está reponiendo –corregida y aumentada– una absoluta maravilla que nació hace ya tiempo, escrita en su versión original por Ernesto Filardi. Tres actores, nada más que tres (Javi Rodenas, Carlos Fapresto y Luna Paredes, aunque el elenco puede variar), se multiplican literalmente por veinte para contarnos, en una hora y diez minutos, qué fue lo que pasó en esta tierra desde el paleolítico hasta ahora mismo. Así se llama la obra: La historia de España en 70 minutos.Yo no me había reído tanto, ni tan bien, en años. Los españoles estamos perdiendo la capacidad de reírnos de nosotros mismos, ensopados como estamos por la polarización y la crispación, que no son más que dos maneras un poco cursis de llamar a la mala leche y al rencor de toda la vida. Pues olvídense de eso. En cuanto vean entrar en el escenario a dos greñudos paleolíticos –él y ella–, más pijos y/o cayetanos que los del barrio de Salamanca, empezarán a darse cuenta de que para este espectáculo no valen los prejuicios ni la piel fina. Hay un tercero que trata de vender a la pareja un loft superestupendo de la muerte (una caverna, vamos) a un precio de lo más cuqui. Así es como empieza.Los españoles estamos perdiendo la capacidad de reírnos de nosotros mismosCada uno de los tres increíbles actores hace más de veinte papeles. El ritmo es enloquecido, como los cambios de vestuario y la cómica escenografía. Sinceramente: no creo que ustedes aguanten hasta los visigodos sin reventar de risa. Como mucho, hasta los Reyes Católicos. Pero ya verán lo que pasa cuando salga la Inquisición. O Juana la Loca. O el fugaz rey Amadeo de Saboya vestido de… (huy, casi se me escapa). O los desternillantes Cánovas y Sagasta haciendo ¡magia! con las elecciones. La aparición de Franco es sencillamente tronchante. Pero esperen, esperen a ver lo que sucede cuando uno de los actores pone en pie al público (que obedece sin rechistar) para escuchar el himno nacional…Necesitamos maravillas así. Cada vez más. Necesitamos recuperar la costumbre de reírnos de nosotros mismos, de no tomarnos tan ignorantemente en serio; quizá esa costumbre evitaría que nuestros políticos dijesen los disparates que dicen sobre Hernán Cortés, por ejemplo, que merecerían el inmediato regreso al Bachillerato.Una cosa les pido. Si van a ver esta delicia (quizá les cueste encontrar entradas), hagan lo mismo que estoy haciendo yo ahora: cuéntenlo. Díganselo a otros. Esta Historia de España en 70 minutos lleva representándose desde hace años gracias al mejor método publicitario que se ha inventado jamás: el boca a boca. Estoy seguro, pero seguro, de que muchos se lo agradecerán, como espero que ustedes me agradezcan a mí esta vivísima recomendación. Si todo el mundo viese esta función, otro gallo nos cantaría. No me cabe la menor duda.
Todo en 70 minutos
En el renovado teatro Lara se está reponiendo una absoluta maravilla, La historia de España en 70 minutos, escrita por Filardi en su versión original.









