Actualizado Martes,
mayo
21:23Antes los aplausos se escuchaban m�s. Y no es la t�pica apreciaci�n viejuna, aunque un poco s�, sino la constataci�n de que ahora mismo faltan manos. Da lo mismo el acto, hay siempre m�s m�viles grabando que personas haciendo lo que quiera que hagan las personas cuando no miran el m�vil. Acabada la proyecci�n de Amarga Navidad, de Pedro Almod�var, en el Gran Teatro Lumi�re, el p�blico arranc� a grabar y a aplaudir, por ese orden, y aquello se prolong� durante 10 minutos. Para hacerse una idea, el a�o anterior, muy cerca del r�cord, Valor sentimental, de Joachim Trier, alcanz� 19 minutos de atronadora ovaci�n como pre�mbulo probablemente de todo lo que vino despu�s. Si se mira con un poco de distancia, hay que reconocer que hay algo imp�dico en eso de medir ovaciones. No en ofrecerlas, sino en coger el m�vil y poner el cron�metro (tambi�n para eso sirve el aparato) mientras los dem�s se explayan a palma batiente. Pero estamos ah�. La democratizaci�n de todo (incluida la estupidez) no conoce ni l�mite ni desafuero ni suficientes redes sociales.Sea como sea, y a un lado las mediciones ol�mpicas, lo cierto es que el director manchego es querido, admirado y respetado en Cannes como en pocos lugares de La Mancha y el mundo entero. Eso es una certeza que qued� demostrada, de nuevo, el martes, pese a algunos errores asumidos sobre Pedro Almod�var. No es verdad, por ejemplo, que el director manchego haya sido descubierto aqu�, en Cannes. A la Croissete solo lleg� en 1999 con Todo sobre mi madre despu�s de que el festival franc�s rechazara una a una algunas de sus pel�culas m�s celebradas. Mucho antes, en 1989, ya hab�a sido nominado al Oscar por Mujeres al borde de un ataque de nervios. Y poco despu�s, en 1993, gan� incluso el Cesar a la mejor pel�cula internacional por Tacones lejanos. Es decir, le cost� desembarcar en la Riviera francesa. Una vez aqu�, eso s�, ha competido hasta en siete ocasiones (incluido el a�o que nos ocupa) y una vez, con La mala educaci�n, inaugur� el certamen fuera de competici�n. Tampoco es verdad que una vez en Cannes haya sido insistentemente ignorado en los sucesivos palmar�s pese a lo que digan David Cronenberg y Wong Kar-wai (ellos fueron los presidentes del jurado los que, contra todo pron�stico, privaron de la Palma de Oro a Todo sobre mi madre y Volver). S� es, en cambio, verdad que probablemente �l sea el �nico cineasta contempor�neo relevante que no luzca tan preciado galard�n en su curr�culo. Pero, por otro lado, suyos son los premios de mejor direcci�n (Todo sobre mi madre) y guion (Volver), y sus int�rpretes han sido insistentemente reconocidas (todo el plantel de Volver) y reconocido (Antonio Banderas en Dolor y gloria).Por todo lo anterior, por lo verdadero y por lo falso y por todo lo contrario, la ovaci�n son� a reencuentro. O a reconciliaci�n incluso. El crotorar (como hacen las cig�e�as) de las palmas dejaba poco espacio a la duda. Pedro Almod�var, en efecto, ha vuelto a Cannes con todos los honores. Lo ha hecho despu�s de dejar pasar dos pel�culas que prefiri� enviar a Venecia, y tras hacerse con el Le�n de Oro con La habitaci�n de al lado (de por medio, no se olvide, pase� por aqu� el cortrometraje y western Extra�a forma de vida en 2023). Qui�n sabe si, como los amantes ligeramente despechados, el manchego haya querido darse un tiempo tras la ligera decepci�n con Dolor y gloria (�qu� cerca estuvo antes de la irrupci�n como un tornado de Par�sitos, de Bong Joon-ho!). El tiempo lo cura todo menos la propia herida del tiempo.Y m�s aplausos. Es dif�cil saber qu� es exactamente lo que se aplaude cuando se aplaude. Desde hace tiempo, desde Hable con ella probablemente (o desde la muerte de la madre del cineasta) el cine de Pedro Almod�var es cada vez m�s hondo, m�s personal, estil�sticamente m�s desnudo, m�s perfecto, m�s autorreflexivo y quiz� hasta m�s necesitado de cari�o. El director que mejor ha celebrado la vida, la vida plena, la vida democr�tica, la vida fuera de la sinvida de una dictadura brutal, se dir�a que ahora es un director al encuentro de la finitud, de la muerte misma. As� ha sido de manera expl�cita en La habitaci�n de al lado y de forma mucho m�s elaborada y barroca en la reivindicaci�n de la creaci�n misma en esta Amarga Navidad contra precisamente lo inerte, lo dado, lo que muere. Y todo ello, sin duda, merece aplauso, y mucho cari�o. Aunque sea franc�s. 10 minutos se antojan escasos para tanto, pero, ya se ha dicho, con los m�viles no dan las manos.











