La comedia social que ha estrenado La 1 ve lastradas sus buenas intenciones por una duración excesiva y un resultado empalagoso

Estamos de celebración: cuatro meses después, una serie española producida por RTVE llega al horario de máxima audiencia de La 1. Hemos tenido que esperar hasta abril para que la televisión pública apostara, por fin, por llevar una serie española de producción propia a su prime time (programó Anatomía de un instante<...

/a> en febrero, pero fue una adquisición de Movistar Plus+). La elegida —en realidad, casi la única opción que tenía, porque solo tiene en cartera la coproducción Los 39 y, en rodaje, el policiaco Rojo sobre blanco, y pare usted de contar— ha sido Barrio Esperanza, que, tras su estreno este domingo, se emitirá los miércoles después de La Revuelta.

Creada por Iván Escobar (El barco, Vis a vis, Los hombres de Paco) y Antonio Sánchez Olivas (Buscando el norte, Los Quién, Aída), esta comedia con tintes sociales se dedica a hacer equilibrios sobre la cuerda floja en su primer capítulo (el domingo se emitieron dos capítulos seguidos, pero solo se vio el primero para esta crítica). La trama sigue a una mujer, llamada muy oportunamente Esperanza, que tras más de ocho años en prisión por dos condenas por narcotráfico, sale a la calle reformada y con una plaza como profesora en un colegio público. Allí se encontrará con ciertas reticencias tanto por parte del resto del claustro como en la Asociación de Padres y Madres de Alumnos (AMPA), pero no así entre los estudiantes: aunque le toca en suerte lidiar con la clase más conflictiva, la de 5ºB, sus habilidades naturales y otras aprendidas en prisión le sirven para ganarse rápidamente el favor de los niños.