Lleva actuando casi 80 años y ahora está de gira por España con su obra autobiográfica ‘Una pequeña historia’. El actor reflexiona en esta entrevista sobre el oficio de actor, el exilio, la vida y la muerte: “Aún me divierte entretener a los demás sobre un escenario”.

El día que se subió a un escenario por primera vez en la radio sonaba La Zarzamora de Lola Flores. En España aún no existía la televisión, sólo habían pasado tres años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y aún faltaban cinco años para la coronación de Isabel II de Inglaterra. En Argentina, Borges escribía el último relato de El Aleph, Julio Cortázar publicaba sus primeros cuentos y Perón llevaba dos años al frente del Gobierno. Era el año 12 a.M. (antes de Maradona). En ese mundo de mediados del siglo XX tan distinto al de hoy, en el Buenos Aires de 1948, Héctor Benjamín Alterio Onorato debutó como actor protagonizando Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona. “Quería entretener a los demás”, recuerda. “Solo eso. Me hacía sentir como un rey”. Tenía entonces 19 años...

Es de noche y chispea en la puerta del teatro Santo Tomé de Ávila. Un coche oscuro se detiene junto a la fachada principal y de su puerta trasera se baja Héctor Alterio. Hoy tiene 95 años, 77 más que aquella primera vez. Viste traje negro y camisa blanca, está muy delgado y se mueve ligeramente encorvado. Entra y camina despacio hacia una sala de butacas aún vacía. Sube al escenario, se prueba unas zapatillas de deporte también negras que le acaban de regalar y se ajusta una gorra azul de marinero. Bromea y ensaya un par de tangos con el pianista Juan Esteban Cuacci.