Nunca había disputado Jonas Vingegaard una contrarreloj tan larga como la de este martes, 42 kilómetros de plato grande, cuádriceps como piedras y posición aerodinámica a orillas del mar Tirreno. Lo que era norma hasta el cambio de milenio —Miguel Induráin ganó cinco cronos por encima de los 60 kilómetros entre el Tour y el Giro— fue convirtiéndose progresivamente en excepción desde la primera década del siglo, cuando la Operación Puerto enturbió la imagen de un deporte acostumbrado a las proezas físicas y a las interminables retransmisiones televisivas.Cambió el ciclismo y también la mente humana. Con la batalla por la atención en creciente disputa, las televisiones vieron peligrar el negocio y demandaron más espectáculo en la alta montaña y menos ciclistas pedaleando contra su sombra en el llano. Se fueron apagando entonces las grandes contrarrelojes, inauditas en las grandes vueltas durante la última década: desde 2014, solo dos han superado los 42 kilómetros recorridos esta tarde, una en el Tour de Francia de 2014 (54) y otra en el Giro de Italia de 2015 (59,4).Uno de los grandes perjudicados del nuevo paradigma es, sin duda, Pippo Ganna, doble campeón mundial y poseedor desde 2022 del récord de la hora (56,792 kilómetros completados, rueda de hámster, en el velódromo suizo de Grenchen). El italiano, tallo de 1,93 metros y 83 kilos de peso, no tiene rival en la maratón de la costa tirrena, apenas 100 metros de desnivel acumulado, y conquista su octavo triunfo en el Giro de Italia, todos ellos, salvo uno, logrados contra el crono. Por detrás, centradas las cámaras en los hombres de la general, Vingegaard toma aire en la rampa de salida al compás de la cuenta atrás en su novedoso buzo azul.Acapara más miradas de las previstas la prenda del danés antes de la salida desde Viareggio. En el autocar del Visma, equipo que se desvive como ningún otro por las denominadas ganancias marginales, esas que pretenden arañar vatios de cada mínimo movimiento, fruncen el ceño al constatar que su líder llega a la única contrarreloj del Giro de Italia como líder de la montaña. Dicha condición obliga al danés a prescindir de su ropa habitual, estudiada al milímetro, y, por contra, ha de vestir el maillot azul de Castelli, la firma italiana que diseña las prendas de los cuatro líderes de la carrera: rosa (general), azul (montaña), blanco (jóvenes) y ciclamino (regularidad).El cambio, insignificante antaño, cuando los ciclistas cargaban sus pesados jerséis de lana con pan, queso y embutidos para sobrevivir a la tortura, preocupa a los dirigentes del Visma, que temen que su líder pierda un buen puñado de segundos por no enfundarse el buzo propio del equipo amarillo. Tranquiliza Vingegaard al personal antes de empezar a calentar sobre el rodillo: “Mis mejores resultados han sido vistiendo maillots de líder”. Y no le falta razón: dos de sus tres victorias contra el crono llegaron desde lo más alto de la clasificación general, una vez en el Tour y otra en O Gran Camiño.Con el portugués Afonso Eulálio 2m24s por delante, todo apunta, esta vez sí, a un cambio de guardia en el trono del Giro. De poco sirve, al menos sobre el papel, la afilada concentración del luso, que antes de subirse a la bicicleta prefiere no contestar una llamada de un número desconocido a su teléfono móvil. Era el presidente de Portugal, que se queda con las ganas de animar a su compatriota.Pronto se evidencia, aun así, que Vingegaard, el gran favorito a la maglia rosa, no atraviesa su mejor momento. El danés no encuentra sensaciones sobre la Cervélo y, lejos del apabullante registro de Ganna, que completa la contrarreloj más rápida de la historia por encima de los 40 kilómetros (a 54,9 km/h), se achica progresivamente, efecto gaseosa, hasta caer en meta a la 13ª posición, todo de azul, emparejado con los tiempos de Ben O’Connor, David de la Cruz o Will Barta.No es mal día, con todo, para el campeón danés, que pese a calificarlo como “terrible”, se queda a solo 27 segundos del rosa de Eulálio, quien podrá salvar la codiciada prenda hasta el sábado, y con una renta más que interesante sobre los más directos rivales por el triunfo final: 1m30s a Thymen Arensman, gran beneficiado de la jornada; 1m57s a Felix Gall y más de dos minutos a Ben O’Connor y Jai Hindley. Se cuela en el top-10 un prometedor ciclista español, Markel Beloki, de solo 20 años y debutante estos días en el Giro de Italia.