FlorescenciaGobernar un país requiere mucho más que likes digitales.
La tecnología y las redes sociales cambiaron la manera en que las personas se informan, opinan y conocen a políticos que desean liderarlas.
Millones de guatemaltecos consumen videos y contenido emocional durante horas cada día. En medio de todo eso, muchas veces ya no logramos distinguir fácilmente entre entretenedores, figuras públicas o verdaderos servidores públicos. Esa confusión es peligrosa, porque una cosa es llamar la atención y otra muy distinta es tener la capacidad de servir a un país.
A través de las redes sociales, los verdaderos líderes pueden comunicar ideas, escuchar directamente a sus comunidades, informar y rendir cuentas de una manera más cercana y rápida. El problema aparece cuando las redes comienzan a premiar más el entretenimiento que la profundidad. Mientras más polémica genera un video, más se comparte. Mientras más emociones provoca una publicación, más visibilidad recibe.
Eso ha comenzado a influir en la política nacional. Vemos candidatos tradicionales intentando reinventarse digitalmente con filtros que los hacen ver décadas menores, actuaciones exageradas y contenido diseñado para captar atención. Incluso hemos visto figuras políticas —algunos ancianos— queriendo comportarse como superhéroes o personajes de película para mantenerse relevantes dentro del mundo digital. Algunos lo ven como algo gracioso. Pero es ahí donde debemos transformar la forma en que estamos evaluando a quienes quieren gobernar. Son estas personas a las que conscientemente les estamos entregando la administración de los recursos de nuestro país y del futuro de nuestras familias. ¿Les confiaríamos realmente nuestro dinero para construir carreteras, escuelas y hospitales?













