El profesor de escuela de negocios y divulgador Pablo Foncillas lamenta la expansión de la figura del influencer político cuyo objetivo último es convertir cada una de sus intervenciones “en munición para su audiencia”, dejando muchas veces en un segundo plano la verdad. “Estos creadores ya no se limitan a comentar desde fuera: se sientan en ruedas de prensa, obtienen credenciales oficiales equiparables a las de periodistas y empiezan a ser tratados como piezas relevantes en el engranaje del lobby político”, denuncia.Pone como ejemplo la información falsa difundida por una influencer conservadora de EE.UU. que, tras el reciente intento de asesinato del presidente del país, aseguró que el atacante había muerto y luego se desentendió de su responsabilidad sobre el bulo. “Lo ocurrido no fue solo un fallo puntual, sino el síntoma de algo mayor”, asevera el experto en gestión.