FlorescenciaA un año de elecciones, la ciudadanía debe informarse desde ahora y elegir con memoria.
Cada vez que viajo a Guatemala y recorro el país, el ambiente político se hace más y más presente en esquinas, mercados, calles y en conversaciones cotidianas. En mi último viaje, mientras terminaba el primer borrador de mi próximo libro, volví a notarlo. También se ve en las carreteras del internet, donde la velocidad de los mensajes políticos crece cada día.
Falta un año para elecciones, pero muchos políticos ya comenzaron a moverse. Aparecen promesas grandes, sonrisas ensayadas y mensajes diseñados para despertar esperanza rápida. De repente, algunos se convierten de la noche a la mañana en filántropos, siempre con una cámara grabando. Algunos intentan presentarse como novedad, aunque el país ya conoce su trayectoria. Otros confían en que la memoria ciudadana sea corta. ¡No lo es!
Esto obliga a una reflexión seria. Los liderazgos importan y pueden marcar momentos históricos. Pero el desarrollo sostenible requiere algo más: instituciones sólidas, reglas claras y continuidad en las buenas decisiones.
También es importante reconocer a quienes miran la política como una salida económica personal. Ven un cargo público como empleo seguro, influencia o acceso a privilegios. Desde esa visión torcida, servir al país deja de ser la prioridad. El problema se revela aún más cuando escuchamos llamar “inversión” al gasto de campaña política. Esa palabra pertenece al mundo donde se pone dinero esperando retorno. El servicio público exige lo contrario. Quien entra a servir no entra pensando en recuperar nada, sino en aportar mucho.







