Cuando Peter Magyar derrotó a Viktor Orbán en las elecciones húngaras de abril, la mayoría de los líderes europeos sintieron alivio. “Por primera vez en años, no hay rusos en la sala”, bromeó Donald Tusk, primer ministro de Polonia, en una cumbre de la Unión Europea ese mismo mes.
Sin embargo, en el sureste, la situación es menos alentadora.
El 8 de mayo, Rumen Radev, un populista afín a Rusia, juró el cargo de primer ministro de Bulgaria tras ganar las elecciones a finales de abril.
El 5 de mayo, el primer ministro liberal de Rumanía fue destituido mediante una moción de censura respaldada tanto por la centroizquierda como por un partido nacionalista de derecha en ascenso. ¿Podrían Bulgaria y Rumanía reemplazar a Hungría como el grupo de países con un desempeño irregular en la UE?
El malestar económico está provocando turbulencias políticas en ambos países.







