Los comicios del 12 de abril ponen a prueba el modelo nacionalpopulista de Orbán, líder simbólico de los movimientos iliberales

Viktor Orbán es un pionero y un ejemplo a seguir para la internacional ultra. En pleno auge mundial de la extrema derecha, el primer ministro nacionalpopulista tiene como credenciales

e="https://elpais.com/internacional/2022-04-02/12-anos-de-gobierno-nacionalpopulista-en-hungria-la-orbanizacion-del-pais-en-tres-actos.html" data-link-track-dtm="">la construcción de un sistema iliberal que le ha funcionado durante cuatro mandatos consecutivos. Hungría se ha convertido en el pilar europeo de una red mundial reaccionaria de corte autoritario con centro en el Washington de Donald Trump. Budapest exporta doctrina política, forma a nuevas generaciones y ofrece apoyo logístico y económico. En las elecciones que se celebran este domingo no está solo en juego el futuro próximo de Orbán, el dirigente con más años en el cargo en la UE y en la Hungría poscomunista. Su éxito o derrota importa más allá de sus fronteras.

El dirigente ultranacionalista abandera una guerra ideológica contra los principios y valores de las democracias liberales. “Estamos combatiendo por el alma de Occidente”, proclamó en Budapest el 21 de marzo en la edición europea del gran foro MAGA (Make America Great Again) y de los ultraconservadores de EE UU, la CPAC. Frente al progreso y la diversidad social y cultural, impone políticas para modelar una sociedad monolítica de familias numerosas cristianas, sin inmigrantes, sin un colectivo LGTBI visible, sin oposición. Las supermayorías parlamentarias de su partido, Fidesz, ponen la maquinaria legislativa a su servicio.