"Extremadura. Aragón. Castilla y León. Andalucía. El cambio está más cerca". El Partido Popular celebró con este tuit el fin de un ciclo electoral que supone al mismo tiempo el inicio de la campaña para una eventual llegada de Alberto Núñez Feijóo a la Moncloa. El mismo lema con el que los populares han arrancado el lunes en sus redes sociales ilustra también una lona de fondo azul y bandera de España desplegada sobre la fachada de Génova. El PP canta victoria tras consolidarse como la lista más votada en las cuatro elecciones autonómicas que han tenido lugar en los últimos seis meses. Las tres primeras, mucho antes de lo previsto. Génova intentaba con este movimiento retratar el hundimiento de los socialistas y descolgarse lo máximo posible de Vox. La última convocatoria, la andaluza, fue la única que llegó tras agotarse los cuatro años de legislatura.PublicidadLos planes no salieron según lo previsto para los populares, toda vez que consiguieron evidenciar la pérdida de votos del PSOE, pero no tanto arrebatarle papeletas a Vox. El PP perdió escaños en Aragón y Andalucía. Y las ligeras subidas en Extremadura y Castilla y León tampoco fueron suficientes para otorgarles sus ansiadas mayorías a María Guardiola y Alfonso Fernández Mañueco. Ferraz ha reconocido en las últimas horas sus dudas con la "euforia" de Génova. Y pone el foco precisamente en la mayor ligazón que tendrán ahora los conservadores de la extrema derecha. "El PP es ahora más dependiente de Vox", ha valorado este lunes Montse Mínguez, portavoz de la Comisión Ejecutiva Federal (CEF) del PSOE.Los socialistas vienen de tocar –cuando no perforar- suelo electoral en Extremadura, Aragón y Andalucía. Castilla y León es la única comunidad en la que han logrado resistir a la hecatombe. Y mientras tanto, las izquierdas soberanistas ganan fuerza frente a las candidaturas estatales en el espacio que se abre a la izquierda del PSOE. ¿Qué lecciones podemos sacar de este último ciclo electoral? ¿El PP puede hablar de éxito cuando va a quedar más atado –si cabe- a los intereses de Vox? ¿Los socialistas deberían cambiar de estrategia? ¿Y qué reflexiones tienen que hacer Podemos, Izquierda Unida o Movimiento Sumar?El PP, maniatado a la extrema derechaMaría Guardiola inauguró en diciembre esta cadena de citas con las urnas. La legislatura aún no había llegado a su recta final, pero la popular decidió adelantar los comicios después de que la extrema derecha presentara una enmienda a la totalidad de su proyecto presupuestario. El PP pasó de los 28 a los 29 asientos en la Asamblea de Mérida, cuatro menos de los que necesitaba para no depender –nuevamente- del partido de Santiago Abascal. La "prioridad nacional" es ahora el leit motiv del recién elegido Gobierno de Extremadura. Jorge Azcón siguió los pasos de su compañera de filas y convocó elecciones en febrero, también motivado –según la versión oficial- por las desavenencias con Vox. El popular perdió dos escaños en el Palacio de la Aljafería. Y cerró un pacto para su investidura en el que no tuvo otra que asumir la "prioridad nacional" de la formación ultra. El escenario se prevé similar en Castilla y León, donde la derecha tampoco ha conseguido los números que buscaba para gobernar en solitario.Los resultados de las andaluzas de este domingo terminan de confirmar un patrón que se ha seguido en las tres convocatorias anteriores: Juan Manuel Moreno Bonilla también tendrá que negociar su investidura con la extrema derecha. El popular que presume de ser "moderado" ha perdido la mayoría absoluta de la que gozaba en el Hospital de las Cinco Llagas. Y Vox no parece dispuesto a dejar pasar la oportunidad de imponer –una vez más- sus políticas de "prioridad nacional" por encima de todas las cosas. "El desenlace de este ciclo electoral lo definiría como agridulce para el PP. Génova no ha conseguido sus objetivos máximos, pero sí ha terminado como el partido más votado en las cuatro convocatorias", valora Ignacio Jurado, politólogo en el CSIC. "La derecha y la extrema derecha quedan ahora maniatadas y dependen la una de la otra para ser influyentes. Los resultados tienen sin embargo una segunda lectura. Lo que parecía en un primer momento que podía ser una palanca de crecimiento para Vox, finalmente no lo ha sido tanto. El partido ha frenado su subida tras las elecciones de Castilla y León y Andalucía", continúa el también investigador.Publicidad"El PP queda ahora retratado frente a sus contradicciones, pone fin a cuatro citas consecutivas en las que ha dejado su futuro a la merced de Vox. Los candidatos autonómicos tendrán que tomar y de hecho están tomando decisiones estratégicas que pueden diluir su claridad ideológica de cara al futuro", advierte Jean-Baptiste Harguindéguy, doctor en Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. "Moreno Bonilla se presentaba como un moderado en el PP, pero la estrategia no le ha funcionado. Esto es un aviso a navegantes también para Alberto Núñez Feijóo. El partido no tiene otra opción para gobernar en solitario que no sea intentar tragarse a Vox, como está haciendo Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid", insiste el profesor. Irene Rodríguez López, profesora de Ciencias Políticas y Sociales e investigadora posdoctoral en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, coincide en parte con esta tesis, pero advierte de los riesgos de abandonar las posiciones ambivalentes: "El problema de incorporar parte del discurso de un competidor para intentar neutralizarlo es que puede llegar a tener consecuencias negativas para el propio PP. Génova no solo corre el riesgo de perder paralelamente a los votantes moderados, sino que termina legitimando la agenda de la extrema derecha sin garantizar la recuperación de su electorado". Paloma Piqueiras, doctora en Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidenta de ACOP (Asociación de Comunicación Política, pone el foco además en el dudoso éxito de esa fórmula para los populares: "Vox se acaba de consolidar como árbitro institucional en prácticamente todo el mapa autonómico. El votante empieza a entender que votar al PP implica –casi necesariamente- votar un Gobierno con Vox. Los dos partidos se han configurado como un bloque inseparable en términos electorales".PublicidadLos ministros que no convencen como candidatosEl ciclo electoral para los socialistas arrancó de la mano de Miguel Ángel Gallardo. El candidato –procesado por el presunto enchufe del hermano de Pedro Sánchez en la Diputación de Badajoz- llevó al partido a firmar su peor resultado histórico en Extremadura. El PSOE pasó de los 28 escaños de 2023 a los 18 en diciembre de 2025. Pilar Alegría y María Jesús Montero tampoco tuvieron demasiada suerte pese a tener experiencia como exministras y llegar a sus respectivos feudos como las candidatas de Moncloa. La primera igualó el suelo electoral –en escaños- del PSOE en Aragón. Y la segunda exhibe la peor marca del partido en la comunidad con la federación más frondosa de todo el país: Andalucía. "El modelo de los ministros-candidatos funcionó bien con Salvador Illa en Catalunya, pero no tiene parangón en otras comunidades", sostiene Jean-Baptiste Harguindéguy. "La estrategia es arriesgada. Salvador Illa encajaba en un contexto muy específico de agotamiento del ciclo independentista y como alternativa tranquila tras años de polarización. El perfil del ministro-candidato en otros territorios puede tener un efecto diferente, nacionalizando la campaña y activando incluso un voto antisanchista", recalca Irene Rodríguez López.Ferraz tiene pensado seguir la misma lógica en País Valencià con Diana Morant y en la Comunidad de Madrid con Óscar López. La formación rechaza además hablar de fracaso. "El PSOE ha planteado este ciclo electoral como una oportunidad para mantener la cohesión nacional y conseguir una unidad de partido, habida cuenta de los acuerdos estatales con el independentismo y las fuerzas regionalistas. El sacrificio sin embargo ha sido mayor de lo previsto. Y los malos resultados pueden terminar desmovilizando a sus propios votantes", resume Ignacio Jurado. "Lo que vemos [tras este ciclo electoral] parece indicar que existe una perspectiva de desconexión entre los ministros-candidatos y las prioridades autonómicas. Pilar Alegría y María Jesús Montero no han estado pisando el terreno durante la pasada legislatura y esto las ha podido penalizar. En Castilla y León, donde el candidato sí ha estado ligado al territorio [más allá de la campaña], los resultados han sido ligeramente mejores", defiende Paloma Piqueiras.Carlos Martínez y los socialistas pasaron de los 28 procuradores a los 30 en el Parlamento de Valladolid. El PSOE cerró la noche electoral solo tres escaños por debajo del PP. Los números fueron igualmente desfavorables, pero no tanto como los de sus compañeros de partido. El cabeza de lista aquí venía de encadenar cuatro mayorías absolutas como alcalde de Soria. "El PSOE tal vez no hubiera conseguido resultados sustancialmente diferentes con otra estrategia en las comunidades a las que envió ministros-candidatos. El ejemplo lo tenemos en Castilla y León. Lo que sí tenía era margen para haberlo hecho mucho mejor", precisa Ignacio Jurado. “El fin de este ciclo autonómico evidencia en cualquier caso que el partido está huérfano de líderes en los territorios y ha perdido una oportunidad de oro para renovar sus cuadros en las comunidades. La jugada correcta no creo que sea la de bajar ministros de La Moncloa”, sentencia Jean-Baptiste Harguindéguy.El puzle de la izquierda alternativaLa izquierda alternativa estatal tampoco ha tenido resultados demasiado halagüeños en ninguna de las cuatro convocatorias, tanto cuando ha concurrido por separado como cuando ha cerrado acuerdos in extremis. La única excepción la dibuja Unidas por Extremadura, coalición en la que han participado Podemos, Izquierda Unida y Alianza Verde. El partido pasó de los cuatro a los siete diputados en la Asamblea de Mérida, toda vez que los socialistas experimentaron en la cita con las urnas una caída sin precedentes. En Aragón, Podemos perdió a su único representante y Movimiento Sumar-Izquierda Unida salvó los muebles con la entrada de Marta Abengochea en el Palacio de la Aljafería. Las dos formaciones se quedaron sin asientos en los comicios de Castilla y León. Y Antonio Maíllo tuvo que conformarse con mantener en el parlamento andaluz a los cinco diputados de Por Andalucía, coalición que integraron en esta ocasión IU, Movimiento Sumar, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Alternativa Republicana, Partido Verde, Podemos y Alianza Verde. El marcador sonrió más allí donde las fuerzas hegemónicas del espacio compartieron papeleta, sin ser esperanzadores los datos en ninguno de los cuatro territorios. "Lo que estamos viendo se origina en el declive de Podemos, un declive que tampoco ha sabido capitalizar de forma clara Sumar. Esto ha dejado a una parte del electorado progresista sin una alternativa estatal definida, hablamos de un voto que no necesariamente ha desaparecido, sino que parece estar más fragmentado o desplazado hacia opciones territoriales más reconocibles y enraizadas en cada comunidad", desliza Irene Rodríguez López. El retroceso de estas candidaturas en clave federal coincide además con una subida de las izquierdas soberanistas allí donde se han presentado a las autonómicas. Chunta Aragonesista firmó su segundo mejor resultado histórico al pasar de los tres a los seis diputados en la Asamblea de Zaragoza. Adelante Andalucía multiplicó por cuatro sus escaños y duplicó los votos con respecto a los comicios de 2022. Y Unión del Pueblo Leonés se consolidó -en menor medida- como la opción preferida para los votantes del espacio en la provincia de León.Ignacio Jurado explica así el éxito -casi repentino- de estas formaciones y su posible papel en la futura reconfiguración de la izquierda a la izquierda del PSOE. "Los pactos con las fuerzas soberanistas y de izquierdas en clave nacional han conseguido que el electorado vea en estos partidos una opción igual de válida que las demás para frenar a la extrema derecha y conseguir medidas progresistas. El espacio está por tanto en fase de crecimiento", insiste el investigador. "La izquierda alternativa estatal no ha logrado construir un espacio emocional estable fuera de los grandes núcleos urbanos. Las izquierdas soberanistas demuestran más resiliencia por tres cuestiones clave que son el arraigo territorial, la identidad política reconocible y la defensa concreta de los intereses locales y regionales", insiste Paloma Piqueiras. Y sentencia, un poco en la línea de lo que defendía hace unos meses Gabriel Rufián: "Estas fuerzas no solo compiten en el eje ideológico izquierdas-derechas, también en la ecuación centro-periferia. La izquierda alternativa que está triunfando es la que se acerca al territorio y se distancia de Madrid". La batalla ahora está servida. El tiempo restante entre este verano y las próximas elecciones generales servirá para ver qué lecciones han sacado estas formaciones de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía.
El ciclo electoral en tres claves: el PP compra el marco de Vox, las ministras no suman y la izquierda soberanista gana músculo
El PP canta victoria tras consolidarse como la lista más votada en las cuatro elecciones autonómicas que han tenido lugar en los últimos seis meses, toda vez que ha quedado más pegado -si cabe- a l...














