"He recorrido 12.000 kilómetros". El PP no ha podido contener, durante la campaña andaluza, el runrún de que Juanma Moreno Bonilla ha jugado a dar esquinazo a Alberto Núñez Feijóo. Los mítines del líder andaluz por un lado; los del líder nacional, por otro. Al tiempo, Santiago Abascal ha sido tan omnipresente como siempre y, para colmo, a pesar del estancamiento de Vox a nivel de voto, ha dado un puñetazo sobre la mesa. También en Andalucía, el PP solo podrá gobernar si él quiere. No es casualidad, por lo tanto, que en el discurso que ha ofrecido Feijóo tras la reunión de la Dirección Nacional del partido de este lunes, haya alternado elogios a su candidato andaluz con otros a su propia implicación y mando. "12.000 kilómetros"... liderando. El mensaje desde la sede de Génova ha sido cristalino. Abascal tiene la llave del gobierno andaluz, pero quien ofrece la cerradura —como en el resto de territorios— es Feijóo.PublicidadLo que lanza el gallego es un aviso a navegantes. Si Abascal se apunta los tantos, él también lo hace. Si es Abascal el que decide si Vox ayuda al PP a formar gobierno, él es quien decide si el PP accede o no a los pactos. Spoiler, lo hará. No importa si Moreno Bonilla, antes de entrar en la reunión en la sede popular, desliza que "los andaluces han decidido que el PP gobierne en solitario". El carrusel electoral (Extremadura, Aragón, Castilla y León, Andalucía) se diseñó desde los despachos de Génova y desde ellos se monitorizará. La politóloga Anna López Ortega también detecta esa necesidad de Feijóo de proyectar liderazgo en un momento en el que Abascal sale reforzado del período electoral.Pero no hay que confundir la demostración de autoridad con un desplante a Vox. El PP ya ha pactado con la extrema derecha en Extremadura y Aragón; la necesita en Castilla y León y Andalucía y Feijóo sabe que el escenario más probable en unas futuras elecciones estatales —si le alcanzan los números para asaltar La Moncloa— pone a Abascal en su camino. Por eso, este lunes ha llevado a cabo un movimiento sutil, pero no fortuito. Ha dicho que el PP es un partido "con principios", pero "no con trincheras". Ha hablado del "miedo" que las formaciones de izquierdas tratan proyectar alrededor de un gobierno del PP —se entiende, con Abascal como vicepresidente— y lo ha cambiado de bando: "Miedo da Sánchez... Eso sí que da miedo".La pregunta es: ¿son dos ideas con las que Feijóo trata de rechazar de una vez por todas los complejos con Vox para normalizar el entendimiento con la extrema derecha? Responden a Público fuentes de Génova: "Feijóo no ha hablado de Vox en ningún momento, pero lo que está claro es que hay un fracaso discursivo en la izquierda". Se refieren a que "no funciona el mensaje de 'que vienen los malos'... La gente dice: 'Que vengan, no son tan malos'. Los andaluces han decidido que gobierne el PP en Andalucía después de los pactos de la prioridad nacional". Las mismas fuentes, en cualquier caso, reivindican la legitimidad de pactar con la extrema derecha. "Para nosotros, Vox no es peor que EH Bildu", afirman. En cuanto a posibles acuerdos de cara a las elecciones generales previstas para 2027 señalan que "ese partido habrá que jugarlo", pero, para despejar cualquier tipo de duda, rematan: "Si Abascal hubiera sacado cinco escaños más en 2023, hoy Feijóo sería presidente". Blanco y en botella.PublicidadEn esas coordenadas se mueve el PP ahora. "Feijóo entró en este ciclo electoral en una posición y, a día de hoy, el resultado es que tiene una mayor dependencia de Vox". Así se explica el analista Edu Bayón la voluntad del PP de aterrizar en el terreno de lo cotidiano su relación con Vox. Lo cierto es que los populares ya habían gobernado con la extrema derecha en autonomías como el País Valencià, Extremadura o Castilla y León, pero "la fuerza que da a Vox el ser imprescindible en todos los territorios" en los que se han puesto las urnas en los últimos meses "permite a los de Abascal arrastrar al PP a marcos políticos que tienen más que ver con la batalla cultural". Ahí está la "prioridad nacional".El secretario general de Vox, Ignacio Garriga, ha resumido en ese principio la espina dorsal que tiene que presentar cualquier pacto (sin especificar si de gobierno o solo de gobernabilidad) que permita a Moreno Bonilla mantenerse en San Telmo. El camino para Vox es sencillo: el mismo que en Extremadura y Aragón. Al líder del PP andaluz se le percibe incómodo cuando se le habla de "prioridad andaluza", pero el partido, a nivel nacional, ha demostrado haber asumido por completo el marco. En privado, las fuentes lo defienden prácticamente como propio, algo que, en cualquier caso, tiene sus riesgos.El dilema del "prisionero doméstico""El PP está sometido al dilema del prisionero doméstico", apunta López Ortega, autora de La extrema derecha en Europa (Àgora, 2025). ¿Qué dilema es ese? "Necesita a Vox para gobernar, pero, a la vez, Vox lo debilita políticamente". La politóloga subraya que "comprar el marco de la extrema derecha es una estrategia fallida". Pan para hoy y hambre para mañana. "En estos momentos, tenemos a un partido conservador que ha comprado el concepto de la prioridad nacional y cuyo programa en el campo de las migraciones no tenemos ni idea de cuál es". Insiste en que hay ejemplos más que suficientes de partidos del perfil del PP que han acabado cediendo terreno político irrecuperable a la extrema derecha por comprar sus relatos.Publicidad"Lo que está haciendo el PP es aceptar la gobernabilidad a cambio de la debilidad", remarca. Para ella, la línea que debería empezar a cultivar el partido que lidera Núñez Feijóo es la de la ruptura con Vox. Solo así podría volver a aspirar al votante centrado e, incluso, al elector que suele elegir la papeleta socialista pero que está enfadado con el Gobierno de Pedro Sánchez. Esa es la senda por la que Feijóo podría aspirar, según López Ortega, a generar mayorías. No obstante, el gallego está tomando exactamente la dirección contraria.El PP no debe perder de vista que, en las elecciones andaluzas, ha perdido porcentaje de voto en seis de las ocho provincias (todas, excepto Jaén y Granada). En Almería, por ejemplo, Vox ha crecido del 20,72% al 23,19%, mientras que el PP ha bajado del 45,56% al 42,88%. "En Almería se da el caldo de cultivo perfecto", abrocha la politóloga: "Paro y migración; el PP compra el marco de Vox y Abascal le come terreno a Feijóo". Los populares, por completar, también perdieron porcentaje de voto en las tres provincias aragonesas. En Extremadura, ganaron porcentaje tanto en Cáceres como en Badajoz, pero perdieron votos totales en ambas. Solo Castilla y León se salva de la quema.La "prioridad nacional" no es solo un reclamo políticoEl principio de "prioridad nacional" está ya en nuestro día a día. Vox lo impuso, primero, en Extremadura y, a partir de entonces, no ha abandonado las páginas de los periódicos, los mítines, las preguntas de los periodistas, los pactos entre las dos derechas y las cabezas de muchos ciudadanos. Especialmente, de los que la pueden llegar a sufrir. No es, por lo tanto, solo un reclamo electoral. Así lo enfatizan tanto López Ortega como Bayón. Primero, por la aplicación político-administrativa que pueda llegar a tener y que todavía está por ver por su difícil encaje legal.Y segundo por algo que, cada uno en su respectiva llamada, han explicado a Público. Es un efecto que Bayón relata así: "Primero, Vox logra imponer el marco de la prioridad nacional; después, el PP lo compra y lo oficializa; permea, se genera una discusión social y produce una preocupación en la gente; por último, los partidos —en especial, el PP— observan ese creciente estrés alrededor del fenómeno migratorio y endurecen sus posturas". López Ortega lo llama lepenización de los espíritus o permeación social. Contribuir en la alarma social y radicalizar los postulados para encauzarla hacia la papeleta de Feijóo y no a la de Abascal. "No olvidemos", añade la politóloga, "que este de la prioridad nacional era un debate impensable hace una década". Y que "el sentimiento de antiinmigración rompe la cohesión social y la paz". "El último estadio", resuelve, "es la violencia".