En el picoteo y las reuniones improvisadas, pocos elementos resultan tan infalibles, socorridos y resolutivos como las sardinas. Este producto se ha consolidado como el rey indiscutible del aperitivo gracias a una versatilidad sin precedentes que permite disfrutarlo en múltiples versiones, coronando una tosta crujiente, integrado en unas croquetas o como ingrediente principal de unas deliciosas brochetas.

Su mayor virtud reside en la comodidad: al tratarse de un pescado azul que se presta a preparaciones rápidas o que ya viene listo en su líquido de cobertura, nos ahorra por completo el tiempo de cocinado y manipulación compleja en la cocina. Es una opción idónea para servir y disfrutar al instante de un bocado sabroso y gourmet sin complicaciones, ideal para solucionar cualquier picoteo rápido o cena ligera durante la semana.

Tres grandes propiedades nutricionales de la sardina

Según la Fundación Española de Nutrición (FEN), este pescado azul en conserva se posiciona como un alimento de un altísimo valor nutricional dentro de nuestra dieta, destacando principalmente por tres propiedades fundamentales para el organismo:

Contiene proteínas de alto valor biológico y lípidos: las sardinas en aceite son un pescado azul con gran contenido en proteínas de alto valor biológico (22,2 g por 100 g). Su contenido en grasas se ve aumentado respecto a su homólogo en fresco debido al aceite de cobertura, lo que aumenta el aporte de ácidos grasos mono e insaturados o poliinsaturados e invierte la relación omega-6/omega-3. Aunque su contenido de colesterol es elevado (100 mg/100 g), la capacidad de los pescados para aumentar el colesterol sanguíneo es inferior a la de otros alimentos de origen animal debido al menor contenido en ácidos grasos saturados.