Zohra deambula con la melena negra suelta sobre la espalda. Una imagen inusual en la Plaza de Enghelab. Aqu� son legi�n las f�minas que se cubren con la tradicional abaya (la t�nica negra que portan las mujeres m�s conservadoras). Este es un espacio repleto de parafernalia religiosa, de retratos de Ali Jamenei y de otros muchos muertos de la guerra contra Estados Unidos y donde la multitud que acude cada noche se desga�ita coreando el "�Golp�ales! �Les est�s golpeando fuerte!" del cantante Mahdi Rasouli, una melod�a que ya es viral entre los seguidores del r�gimen.La f�mina de 31 a�os explica que es la primera vez que viene a las convocatorias nocturnas. "Quiero dejar claro que Ir�n tambi�n es mi pa�s y que estoy en contra de la guerra. �Por qu� no uso el hijab (velo)? Porque debo tener la libertad de ponerme lo que quiera", precisa.La chica se muestra tan resoluta que se despide estrechando la mano del visitante, lo que de inmediato genera una protesta de otra asistente a la convocatoria. "Dile a tu amigo extranjero, que aqu� los hombres no le dan la mano a las mujeres", le espeta enfadada al traductor.Pero Zohra no es un caso �nico. En la Plaza de Valiasr, Samira se dedica a desviar el tr�fico agitando una bandera iran�. La joven de 36 a�os tambi�n ignora la ley de 1981 que impuso que las f�minas deben cubrirse el cabello. La muchacha, ilustradora de profesi�n, acude de forma reiterada a las concentraciones a favor del poder desde la primera semana de marzo. "Esta es la mejor oportunidad para mostrar a este sector de la sociedad que somos iguales. Que todos defendemos Ir�n", asevera junto a otra se�ora que tambi�n agita la ense�a nacional, pero ella portando una 'abaya'.Reconoce que a veces se le acercan otras mujeres que le instan a cubrirse, pero ella se mantiene firme. "No podemos cambiar a toda la sociedad en cuesti�n de d�as. A veces hay que pelear por tu libertad y a veces, ahora, hay que pelear por tu pa�s", agrega.La presencia de chicas como Zohra o Samira en las congregaciones nocturnas de Teher�n, que son una constante desde la misma jornada del 28 de febrero, son un s�mbolo del significativo error de juicio que inspir� a Tel Aviv y Washington a la hora de iniciar este �ltimo conflicto, donde esperaban -seg�n dijeron p�blicamente- que la campa�a de bombardeos a�reos reactivara las protestas opositoras del pasado mes de enero.Chicas iran�es pasean sin velo frente al Gran Bazar de Teher�n.AFPLejos de ello, la campa�a b�lica ha movilizado a los seguidores del r�gimen, que cada noche se agrupan en decenas de plazas -cerca de 150 lugares, seg�n Hamidreza Gholamzadeh, portavoz de la municipalidad de Teher�n- para expresar su apoyo al poder que controla el pa�s bajo un ambiente de festival isl�mico, donde se entremezclan los poemas, los himnos nacionalistas, el ondear de banderas, las loas a los fallecidos -"m�rtires", en la nomenclatura oficial- y el recurrente grito de "�Muerte a Am�rica!�Muerte a Israel!".Seg�n el citado Hamidreza Gholamzadeh, las reuniones nocturnas comenzaron "de forma espont�nea" -incide en ello, aunque resulta imposible confirmarlo- la misma noche del 28 de febrero, cuando Washington y Tel Aviv lanzaron lo que llamaron Operaci�n Furia �pica. "La gente sali� a la calle consciente de que, si no la ocupaban ellos, lo har�an los manifestantes (los opositores). Fue su manera de defender al pa�s", explica en su despacho.Marchas a nivel nacionalLas reuniones convocadas al caer la noche -que ya contabilizan casi 80 jornadas ininterrumpidas- se han extendido por todo el pa�s y no es raro ver actos similares en ciudades como Qom o Yazd donde se exhiben r�plicas de cohetes o drones, o donde se instruye a los presentes en el manejo de armas.En la Plaza de Vanak de Teher�n, los hay m�s pr�cticos. El casi centenar que espera haciendo cola junto a la tienda donde se reparte comida gratuita.Las autoridades han reforzado la escenograf�a af�n a su ideario con nuevos murales, donde se vitupera a EEUU o se alude a los supuestos logros de Teher�n. La rotonda de Vanak ha sido adornada con un pu�o que agarra el Estrecho de Ormuz, junto a un lema que proclama: "Trump no puede hacer nada. El control eterno del canal se quedar� en las manos de Ir�n"."Tenemos que luchar aunque sea con las manos y demostrar que no nos rendiremos", clama el locutor por medio del altavoz, mientras un mar de pu�os se alza al cielo.Seg�n una encuesta del Centro de Investigaciones de la Radiodifusi�n de Ir�n (Irib) -una entidad controlada por el r�gimen-, un 59% de los iran�es afirmaron que han asistido al menos una vez a estas citas noct�mbulas, mientras que el 33% dijo que lo hac�an de forma continuada.Aunque resulta imposible confirmar la certeza de este sondeo, todos los consulados insisten en que la afluencia de p�blico a estas citas se consolid� a partir del mensaje que difundi� el 8 de abril el nuevo dirigente del pa�s, el ayatol� Mojtaba Jamenei, donde dec�a: "Vuestras voces en las plazas van dar a forma al resultado de las negociaciones, ser�n un factor decisivo".As� qued� claro, en palabras del canal oficial Press TV, que estos eventos no s�lo eran algo "simb�lico sino componentes de una estrategia nacional".Para afectos a la Rep�blica Isl�mica como el profesor Shahab Esfandiary, de la Universidad de Arte de Teher�n, estas reuniones nocturnas son "un nuevo momento revolucionario" (alusi�n a la sublevaci�n de 1979 que dio paso a la Rep�blica Isl�mica), que los "medios occidentales han pasado por alto reduci�ndolas a eventos organizados por el Estado".Mostafa Azimi, de 45 a�os, aclara que empez� a frecuentar las concentraciones a favor del Gobierno en la segunda semana de la guerra, motu propio. "Sol�a rezar mientras escuchaba los bombardeos. No vamos a cesar. Trump nos quiere robar el derecho a desarrollar nuestra energ�a nuclear", precisa.Alaadin Shukeri, de 39 a�os, ha acudido a la Plaza de Valiasr junto a su esposa y sus dos hijos. Su consorte y su hija vienen con el velo reglamentario. "Estas chicas no apoyan a la Rep�blica Isl�mica pero s� a Ir�n. Eso nos une como naci�n. Es el momento de luchar por Ir�n. Ya hablaremos del velo m�s adelante", apostilla se�alando a la citada Samira, que sigue mostrando el estandarte iran� a poca distancia."Es un control sofocante"El despliegue de los leales al poder se combina con una numerosa presencia de militares y fuerzas de seguridad. Los uniformados que recorren las calles en motocicletas por parejas, los que patrullas con AK-47 los cruces y puentes, los veh�culos armados con ametralladoras antia�reas y las barreras de vigilancia en mitad de las avenidas, son una constante en Teher�n nada m�s caer el sol."La hermosa Teher�n", asevera un decorado justo a la entrada de la metr�poli, al lado del primer gran control que custodian unos militantes vestidos de civil, equipados con fusiles autom�ticos.A veces, se puede encontrar uno con decenas de miembros de las fuerzas de seguridad instalados en las aceras de una de las principales avenidas. Con sus veh�culos de dos ruedas perfectamente alineados y aparcados en el espacio de los peatones, mientras otro grupo permanece junto al autob�s que los traslada. "Es un control sofocante", explica un opositor que no quiere ser identificado.Mujeres en motocicleta, en Teher�n.ReutersLas autoridades han incrementado la represi�n desde que comenz� la ofensiva de Washington y Tel Aviv. Seg�n el grupo Derechos Humanos de Ir�n, los responsables del pa�s han ejecutado al menos a 28 reos desde mediados de marzo, mientras que Naciones Unidas estimaba que han arrestado a m�s de 4.000 personas. Los propios medios oficiales han reconocido una campa�a de confiscaci�n de bienes de personajes asociados con la oposici�n. "Se ha intensificado el castigo a los que esp�an y cooperan con el r�gimen sionista (Israel) y los pa�ses hostiles", escribi� la agencia Mehr hace d�as cifrando en unos 400, los sujetos afectados por estas medidas.Los desafectos a las autoridades, que protestaron de forma masiva en enero y fueron reprimidos por las fuerzas de seguridad especialmente en dos jornadas -los d�as 8 y 9 de ese mes- que dejaron miles de v�ctimas mortales, seg�n informaron numerosas organizaciones de Derechos Humanos, no han desaparecido, sin embargo, de las v�as capitalinas.De hecho, la est�tica dominante en el centro de la metr�poli se transforma de forma radical conforme se conduce hacia el norte de la villa a trav�s de la avenida Vallasr.Los barrios norte�os de Teher�n son un espacio donde esas mismas abayas que se prodigan en Enghelab, Vanak o Felestin, aqu� son una rareza. Este es un �rea donde la abrumadora mayor�a de las f�minas desaf�an abiertamente la normativa que exige el uso del hijab.Las hay que caminan con trenzas y tablas de skate, o con los pantalones vaqueros rotos al estilo europeo.Lo m�s sorprendente es la facilidad con la que se encuentra aqu� a f�minas dispuestas a expresar su oposici�n al sistema vigente. El terceto que disfruta de unos helados, sentadas en un banco de un parque del distrito de Tajrish, coinciden en su opini�n sobre el sistema que lidera ahora Mojtaba Jamenei: "Odiamos al r�gimen".Simin, de 76 a�os, es la m�s vocal. No oculta su simpat�a hacia Reza Pahlavi, el hijo del antiguo aut�crata que fue depuesto en 1979, y explica que como la mayor�a de las iran�es no religiosas decidieron abandonar el uso del velo despu�s de la algarada popular del 2022, causada precisamente por la muerte en una dependencia policial de Mahsa Amini, la joven que fue arrestada por no llevar el hijab de forma "inapropiada". Cientos de personas murieron bajo la represi�n de las fuerzas de seguridad en aquella ocasi�n."Las mujeres hemos ganado. Yo quem� mi velo. Nos hab�an obligado a usarlo. Eso se acab�", a�ade Simin.La veterana, sin embargo, no concuerda con sus dos amigas, de 65 y 50 a�os. Ella apoya los bombardeos de EEUU e Israel. Incluso acusa a Trump de ser un "perdedor", por no haber conseguido derrocar al poder actual y haber parado los ataques. Sus dos acompa�antes disienten. "No nos gusta la guerra", dice Nushin.Las palabras de Simin y las m�ltiples caras de Teher�n son un reflejo de la polarizaci�n que se observa en el pa�s, especialmente tras la sangrienta acci�n de las fuerzas oficiales durante las manifestaciones de enero pasado.El referido Reza Pahlavi se ha erigido en la n�mesis del r�gimen local, tras defender los bombardeos contra su propio pa�s y la acci�n de la autocracia que dirigi� su padre. Sus seguidores se manifestaron el pasado d�a 10 en diversas ciudades de Alemania y Reino Unido portando la bandera del antiguo servicio secreto de la monarqu�a, la Savak, que tambi�n se signific� por su brutalidad. Los v�deos de esas marchas han generado una enorme controversia en las redes sociales iran�es."Mucha gente quiere venganza", indica otro opositor que tambi�n quiere protegerse con el anonimato.La "victoria" de las mujeres en la pugna por la utilizaci�n obligatoria del hijab de la que habla Simin es una certeza desde el a�o 2022.Ahora es algo normal ver carteles en centros comerciales como el que se encuentra a orillas del Lago Chitgar, que advierten que en este espacio "el uso del hijab es obligatorio", y apreciar a grupos de mujeres que desechan ese aviso y pasean con el cabello al aire por el recinto.Las hay incluso m�s atrevidas como Melina, una tatuadora con varios piercings en el rostro, largas trenzas y tatuajes que le cubren hasta el cuello. Se encuentra disfrutando de un picnic junto a un grupo de amigos en la orilla de la laguna. Se ha tra�do a Deisy, su perra. Otro desplante a las regulaciones oficiales que prohibieron pasear a estas mascotas en 2025. Para los sectores m�s estrictos de este pa�s, los perros son animales "impuros"."Nosotros hacemos todo lo que es ilegal. Es ilegal traer al perro, lo traemos. Los tatuajes son ilegales, llenos de tatuajes. Este Gobierno es muy extremista. Yo soy ateo porque tengo cerebro y pienso", afirma Amir A., un instructor de kick boxing que acompa�a a Melina.Pese al alto coste en t�rminos personales, la sociedad m�s laica no ha cesado de avanzar en sus reclamos. La pugna en torno al velo no ha sido su �nico "triunfo" temporal.Las mujeres puede volver a conducir motosLas autoridades anunciaron el pasado mes de febrero que comenzar�an a otorgar licencias para conducir motocicletas a las f�minas, poniendo fin as� a una prohibici�n de facto que dur� d�cadas, basada en el antagonismo que mostraban los sectores religiosos m�s radicales hacia esta hip�tesis.Seg�n uno de los muchos medios controlados por el poder, la agencia Shabestan, la l�gica detr�s de esa decisi�n era que las mujeres no pod�an conducir "llevando de forma correcta el hijab".La agencia oficial Ilna fue una de las que confirm� la orden gubernamental de febrero, firmada por el vicepresidente Mohammad Reza.En este caso, un n�mero creciente de chicas se hab�a significado desde hace a�os por recurrir a este medio de transporte, sin esperar a la aprobaci�n del poder.Negara Nasri, de 25 a�os, comenz� a conducir su peque�a motocicleta de 50 cent�metro c�bicos hace cinco meses. "Empec� antes de que anunciaran lo del carnet de conducir", apostilla."No trato de desafiar al r�gimen. Es algo que necesito para desplazarme. Pero es cierto que hay chicas que lo hacen para mostrar su disconformidad con las restricciones que han impuesto a las mujeres", precisa.La joven confirma que algunas de sus amigas comenzaron a conducir tras la revuelta del 2022, "aunque lo hac�an con el casco y as� no se ve�a que eran mujeres".Con sus aparatosos veh�culos aparcados en una avenida capitalina, el grupo de "moteros" que se hace llamar "Jinetas de la Sombra" conforma una imagen que no desentonar�a en cualquier capital europea.Kasra SHR (es su apodo) ejerce como portavoz del grupo. Va ataviado con la t�pica chupa de cuero negro, repleta de cadenas y pinchos met�licos. A su lado hay otro chaval con una cazadora similar adornada con la palabra "Muerte".Antes de hablar ense�a una foto de los integrantes del club. Son casi un centenar con 60 motos, apostilla. De ellos, en torno a una decena son f�minas."En EEUU, las chicas que van con los moteros son groupies (fans). Aqu� son moteras. Le podr�a presentar a una que tiene tantos cojones que no hay nadie que se atreva a montarse con ella", aclara.�l tambi�n confirma que ninguna de las que conoce han esperado a que les otorguen una licencia oficial para conducir. "Hacemos todo lo que nos dicen que no podemos hacer y ellas las primeras", declara el muchacho en tono desafiante.El grupo se ha congregado no lejos del Puente Parkway, vigilado por militares instalados detr�s de una en�sima ametralladora pesada. Las dos realidades de la capital conviven a escasos metros bajo un desconcertante arreglo en los que unos ignoran, a sabiendas, la presencia de los otro. Al menos, en este instante.