Las iraníes están desafiando a la teocracia islámica a cara descubierta

En 2022, Mahsa Amini, una joven iraní de origen kurdo fue arrestada y torturada por la policía islámica por no usar correctamente el hiyab. Tras recibir una brutal paliza, entró en coma y murió pocos días después. Tras su muerte, centenares de mujeres iniciaron marchas de protesta tanto en Teherán como en Saqqez, ciudad natal de Mahsa. Aquellas manifestaciones fueron duramente reprimidas y murieron más de 150 personas. Nunca se realizó una investigación ni sobre la muerte de Mahsa ni sobre la brutal represión contra las manifestantes.

Desde entonces, y enfrentándose a todas las barreras que el régimen iraní ha levantado contra ellas, las mujeres no se han desmovilizado. Al contrario, en las masivas marchas que se están produciendo desde finales de diciembre, las mujeres se han convertido en las protagonistas.

Las iraníes, a cara descubierta, están desafiando a la teocracia islámica arriesgando su integridad física e incluso su vida.

Las ONG calculan que más de 40 millones de ciudadanos y ciudadanas están protestando en las calles, desde hace tres semanas. El número de detenidos, heridos y muertos no puede conocerse con precisión ya que el Gobierno ha clausurado el acceso a internet, ha cortado la telefonía móvil y fija e incluso, ha dejado sin electricidad a gran parte del país; un blackout casi total, silencio y oscuridad para la más cruel represión contra el pueblo.