Imagen de archivo del cineasta independiente huido de Irán tras ser condenado a ocho años de cárcel, Mohammad Rasoulof, durante la presentación en España de 'La semilla de la higuera sagrada'. EFE/Javier Etxezarreta.

Violeta Molina Gallardo |

Madrid (EFE).- La oscuridad del régimen iraní se cierne sobre la población, con especial dureza sobre las mujeres, ciudadanas de segunda. Las protestas son brutalmente aplastadas con violencia y gestos tan inocentes como mostrar el cabello o bailar en la calle han sido castigados con la muerte. El cine resiste para denunciarlo con bocanadas de libertad.

El nombre de Mahsa Amini resuena, pero son centenares, miles, las mujeres anónimas masacradas en nombre de la moral.

Cantar, proyectar el futuro, bailar, vestirse, estudiar, participar en redes sociales, manifestarse, transgredir las normas de los adultos en la adolescencia, leer, reunirse con las amistades e incluso soñar… La represión y la opresión condicionan y limitan la vida en Irán.