La película iraní que opta al Oscar permite conocer la brutal represión del régimen de los ayatolás. Los relatos ayudan a construir la resistencia

Al final de la nueva película de Jafar Panahi, Un simple accidente, el protagonista, Vahid, ha secuestrado a su antiguo torturador a sueldo del Gobierno y lo ha atado a un árbol. Vahid y varios amigos suyos que también sufrieron torturas a manos del prisionero permanecen fuera de cámara. Oímos a...

Vahid gritarle al cautivo, que tiene los ojos vendados: “¿De qué querías vengarte? ¡No éramos más que unos trabajadores pobres que reclamábamos nuestros derechos!”. El torturador, interpretado por Ebrahim Azizi, pasa, en cuestión de minutos, de negar los hechos sin mucha convicción a mostrarse arrogante y, por fin, a derrumbarse del todo. El clímax dramático es qué van a hacer Vahid y sus compañeros con este hombre que los torturó y les destrozó totalmente la vida.

En la actualidad, el tipo de cambio de un rial iraní es 0,00 euros. El poder adquisitivo de los iraníes, incluso los de clase media y alta, es prácticamente inexistente: la gente se muere de hambre por falta de carne, pan y arroz. Han estallado protestas en todo el país y la reacción del régimen, como con el movimiento “Mujeres, Vida, Libertad” de 2022, ha consistido en reprimir las manifestaciones con una violencia espantosa. Se calcula que han muerto ya unas 30.000 personas.