Actualizado Domingo,

mayo

02:59"Eres un gran l�der. Se lo digo a todo el mundo", ha sido uno de los comentarios de Donald Trump a Xi Jinping en la cumbre del G-2 en Pek�n. El presidente estadounidense parece sufrir con Xi el s�ndrome de aquellos que en Redes agreden verbalmente, pero cuando ven a su interlocutor cara a cara todo son sonrisas y bajadas de tono. Ahora bien, Trump ya hab�a reconocido en m�s de una ocasi�n que admiraba al l�der chino por el "poderoso" control que ejerce sobre los 1.400 millones de almas que habitan la potencia asi�tica. Ya se sabe: Trump y su fascinaci�n por los hombres fuertes. "Es todo negocios. No hay juegos. No se puede hablar con �l de lo agradable que est� el tiempo", ha dicho Trump sobre Xi a la cadena Fox.En definitiva, Trump ha sido halagador y Xi muy pr�ctico. Y bajo esas premisas han transcurrido sus conversaciones entre t� y sopa de langosta. El l�der chino lanz� como advertencia inequ�voca el asunto taiwan�s, pero tambi�n se centr� en enviar otro mensaje alto y claro: somos l�deres de igual a igual, de superpotencia a superpotencia. Y en verdad, m�s all� de los problemas internos del gigante asi�tico (p�rdida de poblaci�n, burbuja inmobiliaria), se ha tratado del primer encuentro entre los mandatarios de China y EEUU, desde 1972, en el que Pek�n ha disfrutado de mayor fortaleza y peso global. Se not� hasta en el saludo inicial, cuando el presidente chino no permiti� que Trump atrapara su mano y tirara de ella. No hubo sometimiento, sino un 't� a t�', una mirada frontal a los ojos desde sus respectivos 180 y 190 cent�metros de altura. Pero la manera en la que ambos se contemplan son diametralmente opuestas.Para la actual Casa Blanca, Pek�n ha pasado de ser un competidor a un futuro socio. "Trump ha cambiado los fundamentos de la pol�tica estadounidense hacia China, dejando de lado el enfoque conflictivo de los �ltimos a�os", sentenciaba el peri�dico 'The New York Times'. Para el todopoderoso Xi Jinping, sin embargo, esto no es as�. Cuando en su primera reuni�n con Trump aludi� a la "trampa de Tuc�dides", no se trataba de una sutil referencia, sino de una declaraci�n vehemente sobre la visi�n de China de que Pek�n est� en auge mientras Washington sufre un declive, y de que, si Estados Unidos no lo acepta y no deja espacio a la naci�n emergente, ello podr�a conducir a una guerra inevitable.La capital china, a su vez, es un hervidero de diplomacia. No s�lo ha acogido una cumbre con el l�der estadounidense, sino que ya est� preparando la misma alfombra roja para extenderla al inquilino del Kremlin. El presidente ruso viajar� a China, dentro de dos d�as, para afianzar la buena sinton�a y obtener de primera mano informaci�n sobre el encuentro con Trump. Una vez se marche Vladimir Putin, otras personalidades har�n acto de presencia, entre ellas representantes europeos (que no la UE, pues a Xi no le gusta tratar con Bruselas, sino con los pa�ses). Hasta el Gobierno brit�nico de Keir Starmer, en plena ca�da libre, enviar� a su ministra de Exteriores, Yvette Cooper, el 2 de junio.Pero, �qu� cabe esperar ahora? Lo que Trump aguarda tras este viaje es que Xi descuelgue el tel�fono e interact�e con Ir�n, ayudando a Washington a salir de la trampa de Ormuz en la que se ha metido solo. A Pek�n tambi�n le conviene la reapertura del Estrecho, pero, �a cambio de qu� estar�a dispuesto a ejercer su influencia sobre Teher�n?, �qu� pedir�a (o ha pedido) Xi a Trump por ayudarle a desbloquear el vital enclave? Es m�s, este jueves, mientras Trump paseaba por el Templo del Cielo y Xi le embelesaba con una lecci�n de historia de la dinast�a Ming, Ir�n dejaba pasar barcos chinos por el Estrecho de Ormuz. Nada apunta a que Xi est� dispuesto a presionar al r�gimen de los ayatol�s, sobre todo porque le resulta �til como contrapeso estrat�gico frente a Estados Unidos.En Pek�n todo se prepara con estrategia y tiempo, y as� ha sido con el desembarco americano. "Los funcionarios chinos son muy meticulosos. Lo planifican todo con mucha exactitud", apuntaba a la cadena CNN William Klein, diplom�tico que organiz� la visita de Trump en 2017. Obsesionados con la precisi�n, la llegada de la comitiva de la Administraci�n Trump, tan vol�til e impredecible, hab�a supuesto un desaf�o log�stico. Sin embargo, al final, no ha habido giros de guion. La cumbre ha sido incluso mon�tona para el espect�culo al que Trump nos tiene acostumbrados. Los chinos, por su parte, han quedado satisfechos. Todo ha transcurrido sin dramatismo y bajo control.Hasta la an�cdota de las rosas ha quedado bien resuelta. En Zhongnanhai, la sede amurallada del Partido Comunista que fue en su d�a un jard�n imperial, el presidente de EEUU pase� entre rosas, confesando que eran "las m�s bonitas" que hab�a visto jam�s. Tras ello, Xi anunci� que enviar�a sus semillas al presidente como regalo. De lo que Trump no se percat� es de que, mientras �l hablaba de flores, Xi le desvelaba la leyenda de cada rinc�n para recordarle el pasado milenario de China, frente a unos EEUU inmaduros que este a�o celebran su 250� aniversario.En la Corte del 'emperador' Xi nada es al azar.