Con un gran desfile de banderas ondeadas por niños, una revista militar a la guardia de honor, una visita al sagrado Templo del Cielo y un opulente banquete en el Gran Salón del Pueblo, Xi Jinping ha seducido a Donald Trump con una pompa superior a la que suele conceder a sus homólogos invitados. El líder estadounidense le ha devuelto la hospitalidad con un nivel de elogios que difícilmente escucharán sus aliados europeos, incluidos los reyes del Reino Unido, que visitaron la Casa Blanca hace dos semanas.Consciente de la relevancia del encuentro, nueve años después de su última visita a China, a Trump se le ha visto excepcionalmente comedido. Ha callado cuando la prensa le ha preguntado sobre Taiwán, ha dejado de lado sus insultos y exabruptos, y se ha limitado a sonreír, agradecer la cordialidad de su “gran amigo” y ceñirse al guion en sus breves discursos. Xi es un “líder brillante” y un “tipo maravilloso”, ha dicho sobre su homólogo, quien ha subrayado que deberían ser “socios, no rivales”.Lee tambiénDetrás del respeto en público y las cortesías, sin embargo, en privado reina la desconfianza mutua entre los dos hombres más poderosos del mundo, propia de la rivalidad geopolítica más trascendental del siglo. Mientras Xi mencionaba la necesidad de evitar “trampa de Tucídides”, según la cual una potencia hegemónica tiende al conflicto cuando se siente amenazada por otra emergente, Trump vendía su visita de estado como un viaje de negocios, acompañado por una veintena de altos ejecutivos estadounidenses, incluidos Elon Musk (Tesla y SpaceX), Tim Cook (Apple) o Jensen Huang (Nvidia).También ha asistido su hijo Eric Trump, quien dirige la empresa inmobiliaria del presidente y ya ha logrado negocios lucrativos en otras visitas de estado, especialmente en el Golfo Pérsico. En China, podría avanzar en el acuerdo entre una empresa vinculada a la compañía de criptomonedas de la familia Trump (World Liberty Financial) y la china Nano Labs, con quien el mes pasado firmaron un memorando de entendimiento para construir centros de datos en EE.UU.Debilitado en Washington por una derrota estratégica en Irán, por unas encuestas que le dan los peores índices de aprobación de su década en política y por una inflación al alza, Trump busca en Pekín victorias, simbólicas o materiales, para el pueblo estadounidense. Tras su primera reunión con Xi este jueves, y en previsión del “té bilateral” de mañana, la Casa Blanca ha emitido un comunicado triunfal y sin menciones a Taiwán, el gran punto de fricción entre las dos potencias.La Casa Blanca presume de acuerdos comerciales y afirma que China coincide en que “Irán nunca puede tener un arma nuclear”Ambos líderes “discutieron maneras de mejorar la cooperación económica, incluyendo la ampliación del acceso al mercado chino para las empresas estadounidenses y el aumento de la inversión china en nuestras industrias”, afirma el comunicado, publicado en medio de una tregua comercial de un año, fraguada en noviembre, tras su último encuentro en Busan (Corea del Sur), al margen de la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC).Durante la última visita de Trump a China, en el 2017, el presidente afirmó que Pekín se había “aprovechado” durante años de la relación comercial con EE.UU., aunque no culpó a China, sino a sus predecesores. Esa reunión marcó el inicio de una década de desencuentros económicos entre las dos potencias, que alcanzó su pico de escalada el año pasado, cuando Trump incrementó temporalmente los aranceles a China hasta el 145%, amparándose en el déficit comercial y el papel de China en la cadena de suministros del fentanilo.Nueve años después de la anterior visita, Trump ha viajado a Pekín acompañado de empresarios en busca de oportunidades mutuas de inversión, jaleando en público la necesidad de que los dos países abran sus mercados. En su comunicado, la Casa Blanca afirma que ambos presidentes “destacaron la necesidad de seguir avanzando para poner fin al flujo de precursores de fentanilo hacia EE.UU., así como de aumentar las compras chinas de productos agrícolas estadounidenses”.Lee tambiénEste viernes, ambas partes podrían anunciar un acuerdo para establecer nuevos mecanismos en la relación comercial bilateral, así como una prórroga de la tregua anunciada en noviembre. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, han mantenido hoy nuevas conversaciones en ese sentido. Washington quiere presentar su alternativa a la Organización Mundial del Comercio, el llamado Consejo de Comercio, cuyos detalles siguen siendo vagos. Aunque probablemente no sirva para equilibrar la relación económica entre los dos países, sí puede ser una victoria de la que Trump presuma ante su pueblo.Por otro lado, según la versión estadounidense, Trump y Xi “han acordado que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto para apoyar el libre flujo de energía” y el líder chino “ha dejado clara la oposición de China a la militarización del estrecho y a cualquier intento de cobrar peajes por su uso, y ha expresado interés en comprar más petróleo estadounidense para reducir la dependencia china del estrecho en el futuro. Ambos países acordaron que Irán nunca puede tener un arma nuclear”.En sus conclusiones del encuentro, sin embargo, los medios estatales chinos no mencionan este supuesto acuerdo sobre el programa nuclear iraní, sobre la compra de petróleo estadounidense ni sobre los peajes en Ormuz. Más allá de las victorias simbólicas obtenidas por Trump en China, poco después del encuentro, Xi ha logrado una victoria material en el estrecho: Irán, de quien Pekín compra el 90% del petróleo, ha permitido el paso de 30 embarcaciones a través de Ormuz, la mayoría de bandera china.A la espera de posibles anuncios este viernes, la primera jornada de la cumbre en Pekín ha escenificado un acercamiento entre las dos primeras potencias mundiales. Progresivamente, Trump está alejándose de las posiciones más ortodoxas del Partido Republicano, que ven a China como el gran rival geopolítico al que hay que confrontar. En sus acciones y declaraciones, ha adoptado un mensaje más cercano al que siempre ha mantenido Xi: que una relación comercial abierta será beneficiosa para los dos países, así como para la paz mundial.