Amrest ha convertido la bolsa española (y la polaca) en la pasarela donde se exhiben las flaquezas del consumo en Europa. El que se presenta como uno de los principales grupos del mundo de franquiciados de restauración ha visto esfumarse más de la mitad de su valor en apenas dos años, en una espiral descendente que ha recibido un impulso adicional en los últimos días, tras la decepción que han generado sus resultados más recientes. La firma dueña de La Tagliatella y que gestiona más de 2.000 restaurantes en el mundo, de marcas tan reconocidas como KFC, Starbucks o Burger King, experimentó en el primer trimestre del 2026 un freno de sus cifras de negocio que no hace sino agravar la sensación de que las vías de crecimiento de la compañía han quedado taponadas, pese a los más de 500 millones de euros de capex desplegados entre 2023 y 2025. Desde 2019, el último año previo a la pandemia, las ventas han crecido a una tasa anual compuesta del 4,5% (un crecimiento que apenas cubre la inflación del periodo) y las cifras de ebitda y ebit muestran un estancamiento aún más severo. No deja de ser llamativo que, desde 2021, la compañía viene repitiendo en casi cada presentación la cifra de 30 millones de clientes mensuales. Y aunque ese frenazo de los resultados puede explicarse en parte por los ajustes de perímetro (Amrest tiene hoy 147 restaurantes menos que al cierre de 2019), el propio grupo viene mostrando en sus comunicaciones un tono menos entusiasta, con reconocimiento de que las "decisiones de compra de hogares [...] se mantienen cautelosas” y de que, actualmente, el consumidor es “mucho más sensible al precio”, obligando a una mayor actividad promocional. La situación macroeconómica, las incertidumbres geopolíticas y hasta las condiciones climáticas en sus principales mercados son algunas de las razones que el grupo ha alegado para explicar el pinchazo de sus cifras. El resultado de todo esto es que, para el mercado, Amrest ha pasado de representar un actor pujante en la industria a un grupo a la defensiva (como evidenciaría la paulatina reducción en las aperturas de establecimientos y, por ende, en inversiones), que lucha por mantener cuota sin penalizar mucho sus márgenes. Un cambio de visión que ha supuesto que una compañía que se estrenó en el parqué español a finales de 2018 con valoraciones de hasta 2.500 millones de euros hoy apenas alcance los 500 millones de capitalización, generando un importante roto a sus principales accionistas, entre los que destaca el mexicano Carlos Fernández (uno de los máximos accionistas de Colonial y que también ha ocupado posiciones relevantes en el capital de Santander y Prisa), que concentra un 67% de las acciones. También ha salido penalizada de este descalabro la gestora Horos, que viene apostando por Amrest desde 2023 y, de hecho, la ha convertido en una de las grandes apuestas de su fondo Horos Value Iberia (al cierre del primer trimestre representa un 5,2%), confiada en una remontada que se resiste. Pecados bursátiles Desde la firma liderada por Javier Ruiz han defendido reiteradamente la idea de que Amrest es una empresa operativamente bien gestionada, pero que se ha visto golpeada excesivamente por las dudas sobre el consumo en Europa. "El trimestre ha sido complicado para la compañía en un contexto de consumo deprimido en algunas localizaciones europeas, unido a que los primeros trimestres son estacionalmente más débiles. La compañía, de cualquier forma, sigue trabajando para generar caja y poner más disciplina a la hora de invertir", explican a preguntas de este medio, no sin recalcar su convicción de que "la valoración de la compañía sigue siendo tremendamente atractiva y por eso sigue siendo una posición importante en nuestras carteras". En los últimos trimestres, sin embargo, también se han mostrado críticos con la forma en que la dirección del grupo está afrontando la debilidad de la acción, alentando el cese de la cotización en uno de los dos mercados en que opera (Polonia y España), para aliviar los problemas de iliquidez de la acción –en el mercado español apenas negocia 70.000 euros al día–, e instando a una recompra de acciones “de forma muy agresiva” para crear valor para el accionista, aprovechando la aparente infravaloración de la acción. "La compañía continúa muy penalizada por el mercado, pese a la razonable evolución de su negocio y a la sólida capacidad de generación de caja que presenta”, indicaban en su carta a inversores al término de 2025. En su opinión, "es muy probable que la elevada iliquidez de sus acciones —en gran parte consecuencia de cotizar en dos mercados (Polonia y España)— explique parte de esta ineficiencia. Tampoco ayuda el escaso foco del equipo directivo en una gestión de capital orientada a destapar valor para el accionista”, añadían. En cualquier caso, estas demandas pueden leerse más como posibles alivios a la difícil situación de la acción que como un diagnóstico de sus causas, que parecen situarse más en las dinámicas del sector y la propia configuración del grupo dirigido por Luis Comas. Las cadenas de AmRest compiten en un terreno cada vez más saturado de opciones de comida muy similares a las suyas. Con KFC, su franquicia estrella, al representar casi la mitad de sus 2.000 restaurantes, tenía prácticamente el monopolio del pollo frito en la mayoría de sus principales mercados. Pero la llegada y veloz expansión de su rival Popeyes le está restando cuota de mercado a marchas forzadas en este segmento. Popeyes pisó Europa por primera vez en 2019, cuando trajo a España su modelo de restauración inspirado en el pollo frito al estilo Louisiana. Durante estos siete años operando en el territorio nacional, ha inaugurado más de 175 locales, superando ya los 129 establecimientos de KFC que están en manos de AmRest. Una situación con visos de repetirse en Polonia, República Checa o Hungría, donde Amrest también tiene una fuerte presencia, pero ve amenazado su reinado tras la apuesta que viene haciendo Popeyes en esos países desde 2023. Cadenas como KFC y Starbucks se han visto sometidas a una creciente competencia Con Starbucks le sucede algo parecido, aunque no tan concentrado en un solo operador que le haga la competencia. Son 449 las cafeterías que tiene de esta marca estadounidense, principalmente en Alemania y Polonia. En España no gestiona ninguna, pero el análisis de la situación es común a todo el territorio europeo y conocido aquí: el boom del café de especialidad ha derivado en la proliferación de establecimientos independientes y pequeñas cadenas, que además suelen gozar de más reputación porque existe la creencia popular de que el producto de las grandes franquicias organizadas es de peor calidad. Con el centenar de restaurantes de Burger King que tiene mayoritariamente en Polonia, República Checa y Rumanía, ocurre exactamente lo mismo, pero teniendo como culpables al fenómeno de las hamburguesas gourmets, primero, y al de las smash burgers, después. Estas dos tendencias han generado una fragmentación del mercado, con propuestas alejadas de la restauración organizada que, por ejemplo, en Polonia provocaron en 2025 un aumento del 120% en los pedidos a domicilio de smash, según el medio local especializado Horecanet. Lo que sí tiene en España —y por lo que es más conocido— es La Tagliatella, con unos 150 restaurantes abiertos. En este segmento siempre ha enfrentado una rivalidad extrema, porque además de las clásicas pizzerías hay otras cadenas de gastronomía italiana que llevan décadas instaladas en nuestro país, como Ginos. Aquí las dificultades están más relacionadas con la situación económica de las familias, que desde hace un tiempo son más selectivas con sus momentos de consumo y, cuando salen a comer, suelen preferir restaurantes de moda antes que las clásicas cadenas de siempre. La pandemia del covid, el aumento de la inflación por la guerra de Ucrania y ahora el encarecimiento del petróleo por el conflicto en Oriente Medio han generado en la sociedad española una continua sensación de que la próxima crisis está al caer. Los más jóvenes, además, se ven presionados por las elevadas demandas económicas que enfrentan para afrontar la compra de una vivienda. Ante este escenario, las familias han aumentado su ahorro a cotas históricas, en buena parte a costa de reducir la frecuencia de las comidas fuera de casa. Es una circunstancia que está perjudicando a todo el sector, como denuncian las asociaciones de hostelería. En esta coyuntura, algunos expertos apuntan a que el modelo de franquiciados como el que opera mayoritariamente Amrest resulta menos apropiado para adaptarse a las dificultades, ya que suele conllevar una serie de gastos fijos (royalties) y atender una serie de requerimientos por parte del franquiciador que dificultan el ajuste por la vía de los costes. A inicios de 2023 Amrest contaba con recomendaciones de compra por parte del 75% de las firmas, hoy se ha reducido a tan solo un 40% La fuerte subida de los costes de personal (especialmente en Polonia y también en España), que han pasado a representar casi un tercio de los ingresos, ha supuesto otra muesca importante que explica que en el último trimestre la compañía registrara pérdidas de 17,3 millones de euros (el doble que en el mismo periodo del año anterior), ante el retroceso del 5% de las ventas. Ante esta situación, el grupo ha ido perdiendo paulatinamente el respaldo de los analistas. Si a inicios de 2023 Amrest contaba con recomendaciones de compra por parte del 75% de las (pocas) firmas de análisis que cubren el valor, hoy ese porcentaje se ha reducido a tan solo un 40%, según los registros de Bloomberg. Aun así, firmas como Oddo mantienen su confianza y recomiendan comprar las acciones de una compañía a la que otorgan una valoración de 3,75 euros por acción, un 60% por encima de sus niveles actuales. Números que, con todo, no dejan de evidenciar el deterioro de la situación que ha experimentado el dueño de La Tagliatella: hace solo un año esta misma firma le asignaba un precio objetivo de más de 6 euros por acción.