Fernando Adrián salió por la Puerta Grande tras cortar dos orejas de poco peso; Fortes, dos volteretas, cornada y una oreja, y pinceladas de Urdiales ante una seria, variada y encastada corrida de El Torero
Apasionante tarde de toros en Las Ventas; muy bien presentada, muy seria y astifina la corrida de El Torero, de juego muy variado y desbordante de interés; una Puerta Grande que no pasará a la historia, pero ahí está la entrega de Fernando Adrián con el mejor lote; dos volteretas, una cornada leve y toreo al natural de alto voltaje de Fortes, detalles de hondura de Urdiales, y una espeluznante voltereta al subalterno Curro Javier a la salida del segundo par de banderillas en el sexto.
Toros, triunfo, cornadas, buen toreo, público jaranero, tremendismo, cartel de no hay billetes, protestas, triunfalismo… No se puede pedir más. Intensidad total, la pasión a flor de piel. Esta es la fiesta de los toros.
Las matemáticas no fallan, una oreja más una oreja son dos, y con este balance se abre la Puerta Grande de Las Ventas. Pero las dos faenas de Fernando Adrián no han sido merecedoras de tal honor. Es un torero de una entrega total, valeroso y desbordante de pundonor, pero le traicionan las prisas, no ha aprendido el apartado de la colocación; es muy ventajista, torea muy despegado, no siente el toreo, no lo disfruta, muletea sin mando, sin olor ni sabor. Sus trazos no dejan huella, no invitan a torear por la calle de Alcalá porque cuando has llegado a la estación del metro ya se han olvidado. Actúa para un público triunfalista, generoso en grado sumo, nada exigente y verbenero.










