Dos volteretas horripilantes en los dos primeros toros, y ambas en la ejecución de la suerte suprema; los vapuleados, Luis David Adame y José Fernando Molina, fueron atendidos en la enfermería de varias heridas, y los dos salieron para continuar la lidia en una nueva demostración de que los toreros no pertenecen a este mundo. Adame volvió al ruedo con andares garbosos, al contrario que Molina, sin chaquetilla, con pantalón vaquero y movimientos titubeantes, por la tremenda paliza que llevaba encima....

Pero los dos cruzaron el ruedo para recibir a sus segundos toros con una larga cambiada de rodillas en los medios; y ambos no solo demostraron una heroicidad propia de su clase, sino una disposición encomiable a pesar de que su esfuerzo no se viera recompensado con trofeo alguno.

El topetazo que sufrió Adame fue morrocotudo. Se perfiló para entrar a matar a su primero, y en el instante del encuentro resultó enganchado por la taleguilla, el toro lo sacudió con extrema violencia y lo lanzó contra la arena; el torero logró levantarse tambaleante hasta que se derrumbó antes de que pudiera ser asistido por sus compañeros.

Estuvo el mexicano aseado ante un toro con movilidad, fijeza y una rebrincada embestida, al que aburrió con muchos pases de escasa profundidad. Otro que le ofreció posibilidades fue el cuarto; comenzó con un muletazo cambiado por la espalda, y ante la nobleza de su oponente trazó dos tandas finales de naturales; otra, estimable, con la mano derecha, y un circular con la pierna contraria flexionada, que no consiguieron emocionar como el toro y la actitud del torero merecían.