Actualizado Viernes,

mayo

23:05Cuando las dos m�ximas figuras del toreo irrumpieron sobre el ruedo en los albores de la tarde, la plaza puso en pie una ovaci�n rendida. Nada para la que sigui� a continuaci�n cuando deshicieron el pase�llo, entre palmas por buler�as. Morante de la Puebla y Andr�s Roca Rey, heridos de gravedad en la Maestranza el 20 y 23 de abril, respectivamente, compart�an reaparici�n como compartieron hospital por aquellos d�as aciagos de la primavera sangrienta. Apenas un mes despu�s, reconstruidos y concienciados de volver a tiempo, se citaron contra el reloj y la l�gica, como si no quisieran regresar el uno sin el otro, apretando Roca Rey su exhaustiva recuperaci�n cuando se supo con antelaci�n que Morante no faltar�a en Jerez. Fue lo �nico que compartieron en esta tarde con la suerte absolutamente descompensada en la notable corrida de Jandilla. Roca Rey, intacto y en tromba, apur� todas sus balas (cuatro orejas); Castella, que andaba por all� como cuota empresarial, algast� las suyas (una oreja); y Morante careci� de cualquier opci�n.El maestro de La Puebla ven�a contento con el aliciente de inaugurar el monumento por �l promovido como homenaje a Rafael de Paula. Fue, por tanto, una ma�ana tambi�n muy emotiva. Y en la ma�ana se qued� toda la emoci�n. Morante brind� el toro de apertura de la corrida de Jandilla al hijo del irrepetible genio gitano de Jerez, Bernardo Soto, quien hab�a bordado frente a la estatua de su padre un discurso de mu�ecas quebradas. Guerrero, que as� se llamaba el bonito toro, se prest� poco al arte con sus distracciones -esa fijeza en la hontananza- y su falta de ritmo. Tambi�n le falt� entrega y verdad. El viento -de poniente, dec�an- tampoco ayud� y, adem�s, condicion� los terrenos. Tres hondas ver�nicas -interrumpidas por su primer amago-, unos ayudados sabrosos ayudados por alto -prodigiosa la izquierda al soltarse- y una serie de redondos prometedora antes de que Guerrero acabase con todas las promesas, empeorando inquietantemente por momentos cuando MdlP cogi� la izquierda. No hubo caso, resuelto con torer�a, pinchazo, estocada y descabello. Sebasti�n Castella arranc� ilusionante. O, realmente, m�s ilusionaba el burraco de jandilla. Suelto de carnes, descolgado, franco y con un tranco notable. Castella se arrebat� en el saludo -por ver�nicas y chicuelinas-, en el quite -por chicuelinas y tafalleras- y en el principio de faena -por estatuarios y un l�o formidable-. Pero todo lo dem�s fue un desperdicio del buen toro -acus� el gasto- en una larga labor que se fue hasta el aviso sin decir mucho. O nada. La espada arruin� las expectativas de alg�n premio, si alguien las conceb�a por los efluvios de la feria. Roca Rey volvi� a tope tanto f�sicamente como de ambici�n. Cont� con un toro extraordinario, Vivaracho. Largo, de generos�simo cuello y una embestida igual de generosa, abierta, amplia, solt�ndose un metro de la muleta. El astro peruano lo vio claro. Y atac� en tromba desde el pr�logo de rodillas con una trinchera y un pase cambiado escalofriante. El poniente no parec�a molestar su determinaci�n con la muleta flameando. Por una y otra mano, Roca Rey le dio fiesta a Vivaracho muy encajado, todo por abajo, redondeando al alza las mandonas series con circulares invertidos -a veces empalmados al de pecho- que pon�an la plaza del rev�s. Como las bernadinas de despedida. La �nica fisura que quiz� se not� de la cornada fue a la hora de matar -cuando sucedi� el percance de Sevilla-, no por la efectividad, sino por la manera de cobrarla: una estocada trasera, contraria y atravesada al meter el brazo. Necesit� de un golpe descabello. Le entregaron las dos orejas del espl�ndido Vivaracho. La mala suerte se junt� toda en el lote de Morante, con un cuarto toro que se agarr� mucho al piso. La faena reuni� un esfuerzo sordo, un toreo aquilatado -todo el clasicismo de la tarde concentrado all�-, la m�sica callada, como escribi� Bergam�n de Paula. Le reclamaban a voces al maestro un homenaje, otro, en el ruedo. No se alivi� en ning�n momento, tan embrocado y valiente, pero las resistencias del obediente toro a viajar aumentaron hasta casi pararse. No encontr� eco aquello, con el peso de lo aut�ntico, pero sin alzar el vuelo. Volvi� Morante a encasquillarse con la espada. Quiz� fuera este el verdadero tributo a Rafael, el de una faena con la m�sica callada. La faena reuni� un esfuerzo sordo, un toreo aquilatado -todo el clasicismo de la tarde concentrado all�-, la m�sica callada, como escribi� Bergam�n de PaulaFue el quinto de Borja Domecq otro toro de fant�stico son, dir�a que a�n mejor que Vivaracho este Batanero. Su clase superlativa y su ritmo sostenido se entregaron en una bravura excelente. Termin� de decantar la tarde hacia el toreo moderno: Sebasti�n Castella arm� una faena al por mayor que, tras media estocada y descabello, le vali� una oreja. La guinda de la corrida la puso Roca Rey y�ndose a porta gayola con el sexto -de muy pobre presencia- a tumba abierta. No mereci� la notable corrida de Jandilla este bicho como cierre. Se movi� con bondad y vali� a Roca Rey para estar muy por encima y ensayar un volapi� como si entrase a matar al carret�n. Perfecta la estocada, que vali� sumar otra oreja a la que se present�a. Cuatro orejas como abultado bot�n. Casi tres horas despu�s de sonar los clarines se llevaban al peruano a hombros, intacto y en tromba. PLAZA DE TOROS DE JEREZ. Viernes, 15 de mayo 2026. Lleno de �no hay billetes�. Toros de Jandilla; bonitos, impresentable el 6�; extraordinarios 3� y 5�; bueno el 2�; distra�do el 1�; el 4� agarrado al piso; se movi� el 6�.MORANTE, DE NEGRO Y ORO. Pinchazo, estocada y descabello (saludos); un pinchazo y pinchazo hondo (palmasCASTELLA, DE ROSA Y ORO. Dos pinchazos y estocada. Aviso (silencio); media estocada y descabello. Aviso (oreja).ROCA REY, DE NEGRO Y ORO. Estocada trasera, contraria y atravesada y descabello. Aviso (dos orejas); gran estocada (dos orejas).