ideasEndeudarse más no produce infraestructura: produce más gasto de funcionamiento, más saldos ociosos en caja y más espacio para la corrupción.
Esta semana volvió a circular la cantaleta de que Guatemala tiene la deuda gubernamental más baja de América Latina. El reporte oficial del Ministerio de Finanzas Públicas registró al 31 de marzo de 2026 un saldo de deuda gubernamental equivalente al 25% del producto interno bruto (PIB). La comparsa estatista aplaudió la cifra y se rasgó las vestiduras por “todo lo que se ha dejado de hacer por no endeudarse más”. Y allí es precisamente donde está el problema, cuando esa cifra sirve para decir que “todavía cabe más deuda”. ¿Cabe para qué? ¿Para construir carreteras o para financiar el crecimiento burocrático, el desperdicio y el robo?
El número oficial omite dos pasivos enormes. El primero es la deuda con el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS): Q73 mil 321 millones al cierre de 2024 —todavía no han oficializado la de 2025, pero súmele unos Q5 mil millones o Q6 mil millones más—, fruto de siete décadas de incumplimientos. El segundo son las pérdidas operativas acumuladas del Banguat, por sus operaciones de “esterilización monetaria” —mantener artificialmente alta la tasa de cambio del quetzal—, Q31 mil 163 millones al cierre de 2025. Al sumar ambos componentes —que están en los documentos oficiales de las instituciones—, la deuda real asciende a Q356 mil 197 millones y la relación contra el PIB salta al 35.4%. Pero lo más importante es que, medida contra los ingresos tributarios —la métrica que importa, porque el Gobierno recauda impuestos, no PIB—, la deuda roza el 297.4%, peligrosamente cerca del 300% que los organismos internacionales señalan como límite prudencial.













