El precio del petróleo sigue disparado. El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha llevado al barril de Brent a superar de forma holgada los 100 dólares. Lo que es peor, estos niveles no parecen cosa de un día, el crudo lleva ya dos meses jugando con los 100 dólares, por lo que el impacto sobre economías puramente importadoras como Europa se está sintiendo ya y no solo en el IPC, también en los componentes que sostienen el crecimiento y en las previsiones. Aunque todavía hay que buscarlas con lupa (el incremento de los inventarios por precaución ha amortiguado parte del golpe), lo cierto es que la economía ya muestra las primeras grietas, que llegan junto a la rebaja de crecimiento del consenso de Bloomberg y de varias instituciones que lo han ido haciendo en las últimas semanas.
El proceso ha sido lento, pero constante. Las primeras semanas con el crudo por encima de 100 dólares supusieron un duro golpe para el bolsillo de los consumidores. Sin embargo, todo golpe temporal puede ser sorteado y amortiguado por el ahorro o la deuda, lo que permite a los consumidores y las empresas mantener su ritmo de consumo e inversión. Pero cuando un golpe temporal empieza a alargarse en el tiempo, las grietas en la economía aparecen. La subida del petróleo se gestiona como un alza de impuestos y los consumidores y empiezan a recortar sus gastos en otras partidas, lo que pone un lastre a la economía que ya ha quedado reflejado en el PMI compuesto de la zona euro, que ha entrado en negativo por primera vez en casi un año y medio.








