Una de las escenas más vistas en Reino Unido en la última década vuelve a ocurrir. Downing Street vuelve a estar en modo pánico, después de que más de 80 diputados pidieran la salida del primer ministro, Keir Starmer. Y todas las miradas se centran en dos posibles desencadenantes de su marcha. Por un lado, los medios esperan que el ministro de Sanidad, Wes Streeting, dé el paso para enfrentarse a Starmer en unas primarias. Y, por otro lado, la rentabilidad del bono a 10 años ya ha superado el 5% ante la inestabilidad. ¿Podría acabar cayendo el 'premier' en un 'momento Truss'?
Starmer ha insistido en que no tiene ninguna intención de dimitir voluntariamente e irse por las buenas. Cerrada la vía más sencilla, una de las claves es cómo funciona el mecanismo legal para echarle por las malas. Y el Partido Laborista tiene unas normas que dificultan una revolución, frente a las de los 'Tories'. Por un lado, no basta con conseguir un 20% de firmas en contra del líder actual, sino que, como en una moción de censura en España, tienen que proponer a un candidato alternativo. Y la votación no sería un voto a favor o en contra del líder actual, sino que sería una elección entre mantenerle o cambiarlo por ese otro candidato alternativo (u otros, si varias personas logran el apoyo de al menos un 20% de diputados).












