Europa tiene las capacidades para ser un actor independiente. Le ha faltado la voluntad, pero el presidente de EE UU está echando una mano sin quererlo

Schuman, Monnet, De Gasperi, Adenauer, Delors… ¿y Trump? Tal vez —ojalá— mirando hacia atrás la historia incluirá a Donald Trump entre los mayores promotores de la Europa unida. A diferencia de los anteriores, en su caso un nuevo salto en la integración europea sería lo contrario de lo deseado. Pero hay que reconocerle una asombrosa —si bien involuntaria— clarividencia política en conseguir ese objetivo en las antípodas de sus deseos....

Su matonismo y su política errática son de tal calibre que ya aflora a la superficie la desconfianza hacia EE UU que los europeos mantuvieron en el espacio privado durante meses. Estas líneas advirtieron hace un tiempo que el nivel de desconfianza era tal que hasta liderazgos de perfil atlantistas percibían que Europa se puede fiar de Washington tan poco como de Pekín, una idea inimaginable durante décadas. Ahora tenemos al primer ministro polaco, Donald Tusk, explicitando las dudas en una entrevista con el diario Financial Times: “La pregunta más grande y más importante es si Estados Unidos está preparado para ser tan leal como se describe en nuestros tratados [de la OTAN]”. La frase es más notable aún si se tiene en cuenta los riesgos que encara Polonia por su cercanía con Rusia y lo importante que es para ella contar con apoyo militar estadounidense.