Recién abierto en Arganzuela por dos amigos, su refrescante carta de comidas y bebidas demuestra que se pueden hacer propuestas alternativas con recetas distintas y buena calidad precio
¿Quién no ha tenido alguna vez un flechazo en la barra de una coctelería? Eso mismo les pasó a David Garrido (28 años, Calella de Mar, Barcelona) y Emanuel Andrei (29 años, Cluj-Napoca, Rumanía) hace tres años en Madrid. Garrido era nuevo en la ciudad y le presentaron a Emanuel, quien había ido a llevarle al dueño una botella de licor café que había hecho en casa. “Empezamos a hablar de música, de lo que nos gustaba
> Breaking Bad, de café y técnicas rarísimas de coctelería…”, recuerda Garrido. “Yo llevaba poco tiempo en este mundillo y con todo lo que me iba contando Ema pensé: ‘este tío sabe muchísimo’. Cuando me dijo que trabajaba en un bar de barrio en Arganda del Rey me sorprendió”, dice.
El bar se llamaba Dos Hermanas y marcó la infancia de Emanuel Andrei. “Mi padre se marchó de Rumanía para ganar dinero, dijo que volvería a casa en tres meses, pero mi madre le echaba tanto de menos que cogió un bus conmigo y nos fuimos a España. Yo tenía cinco años y tardamos tres días y dos noches en llegar”, recuerda. Establecida la familia en España, la madre y la tía de Emanuel montaron un asador de pollos y después el bar pensado para la gran comunidad rumana de la zona de Arganda del Rey. “Yo crecí en un bar de carajilleros y comida rumana”, cuenta. A los 12 años empezó a obsesionarse con la cocina, pero por la rebeldía de la edad, se alejaba lo más posible de la rumana y “probaba con otras como la japonesa o la mexicana”. Se formó de manera autodidacta viendo vídeos en internet y leyendo libros, pero en el bar nunca le dejaban tocar los fogones. “Eso era territorio sagrado”, recuerda.






