Francia, Alemania y el Reino Unido, las tres principales economías del continente, son las más expuestas a la crisis de suministro de queroseno y diésel. España e Italia tienen un margen mayor para resistir el golpe
El último barco con queroseno procedente del golfo Pérsico partió de Kuwait, rumbo a Europa, el pasado 26 de febrero. Quedaban dos días para que los primeros misiles estadounidenses e israelíes cayesen sobre Irán y las autoridades de ese país respondieran con un cierre casi total del
muz-y-como-afecta-a-europa-en-mapas-y-datos.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/economia/2026-03-03/que-implica-el-bloqueo-del-estrecho-de-ormuz-y-como-afecta-a-europa-en-mapas-y-datos.html" data-link-track-dtm="">estrecho de Ormuz. Tras mes y medio de travesía, ese buque, el Rong Lin Wan, de bandera singapurense, llegó el 11 de abril al archipiélago de Malta. Poco después lo haría, a Países Bajos, el STI Supreme, bajo enseña de las islas Marshall. Han sido los últimos en alcanzar el Viejo Continente desde una región, la del Golfo, donde están algunos de los mayores productores de combustible para aviones del planeta. Ahora, Europa juega sin red.
Las crisis energéticas son animales extraños. Por su escasa frecuencia ―en 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania hizo saltar todo por los aires, el mundo llevaba cinco décadas sin una gran sacudida― y porque cada una tiene efectos distintos: aquella, la causada por Vladímir Putin, se cebó con el gas natural; y ahora el gran cuello de botella está en el queroseno, el fuelóleo y, en menor medida, el diésel. Pero cuando llegan —bien lo sabe Europa, que encara la segunda sacudida en menos de un lustro— son hidras de mil cabezas.








