Aunque no lo parezca, se prepara muy rápido y el resultado es inmejorable: un rebozado crujiente y dorado y un interior jugoso y en su punto
¿Existe algo que rebozado no esté bueno? Exacto: no. O quizás sí, pero no nos importa en este momento. Con la misma lógica de la milanesa de ternera o la de pollo funciona la de pescado. Tiene un exterior dorado y crujiente y un interior jugoso y cocido en su punto, similar al pescado preparado a la romana pero más crocante y un poquito más contundente.
Se puede preparar con distintos pescados, pero es recomendable optar por algún tipo de pescado blanco por ser más magro –ya tenemos suficiente con el rebozado–, de carne más firme y fácil de manipular, y de sabor más suave. Son buenas opciones la merluza, el lenguado, el bacalao (fresco) o el rape, aunque te recomiendo que te acerques a la pescadería, les cuentes qué quieres cocinar y te dejes aconsejar según lo que haya de temporada y esté a mejor precio.
Las milanesas se pueden hacer con filetes si vas a comerlas como plato principal –con puré de papas o ensalada son la gloria– o puedes preparar una versión en trozos más pequeños si quieres servirlas como una especie de nuggets de primero o aperitivo. El proceso es el mismo, solo has de tener cuidado a la hora de freír porque los últimos se dorarán más rápido.






