Conocidos como ‘el jerez que no es Sherry’, eran vinos de diario con el grado alcohólico natural de la uva (sin fortificar) que el pequeño viticultor (mayeto) o el capataz elaboraban para su propio consumo y el de los trabajadores de la viña

En Andalucía el blanco es algo más que un color. Es la luz cautiva de sus tierras albarizas, la salada claridad de sus vinos blancos que en la provincia de Cádiz se hace filigrana aromática y embrujo gustativo. Hablo del Marco de Jerez, un paisaje lunar de blancas tierras —de ahí su nombre de albarizas— formadas a lo largo de siglos por sedimentación de microfósiles marinos (diatomeas y foraminíferos). Tierras que, como una esponja, absorben el agua del rocío y de las escasas lluvias para retenerla bajo una costra superficial, evitando su ...

evaporación cuando la vid se enfrenta a una de las mayores insolaciones de Europa: más de 3.000 horas al año. Entonces, los diferentes tipos de albariza (barajuelas, antehojuela, tajón, lustrillo o tosca) suministran gradualmente el preciado líquido a la raíz, permitiendo el desarrollo óptimo de las uvas. A su vez, los vientos del Atlántico refrescan la cepa y modulan suavemente la maduración de los frutos. Y, ahora, en primavera, los campos blancos se pintan de verde sobre un limpio cielo azul.