Las guías europeas y estadounidenses coinciden en que todos los adultos deberían conocer este marcador, que una de cada cinco personas tiene elevado
El colesterol, dicho así, alto o bajo, es uno de los parámetros de salud más extendidos en el imaginario popular. Como toda simplificación, está sujeta a muchos matices: lo hay de varios tipos, su presencia en el organismo es necesaria, hasta un punto, y se puede medir de formas diversas. Una de ellas, a través de la lipoproteína A, es un valioso marcador de riesgo cardiovascular. En marzo, las sociedades médicas de Estados Unidos se sumaron al consenso que había entre las europeas: todo el mundo debería medírsela al menos una vez en la vida. Pero en el sistema sanitario español esto está muy lejos de ser así.
La presencia de esta grasa concreta —conocida también como Lp(a)— depende casi por completo de un factor genético y los estudios muestran que en Europa un 20% de la población la tiene por encima de los niveles recomendables. Hay personas que pueden tenerla alta aunque el resto de marcadores de colesterol estén en orden y, aun así, arrastrar un riesgo considerablemente mayor de infarto, ictus o calcificación de la válvula aórtica.
¿Por qué entonces sigue siendo una prueba casi exótica en el sistema público? Su disponibilidad depende del hospital, del laboratorio, de la comunidad autónoma e incluso, a veces, de los conocimientos del médico de turno, que no siempre sabe interpretar la presencia de la Lp(a) en la sangre. Este desconocimiento seguramente se debe, en parte, a que no existe hoy por hoy un tratamiento específico dirigido a rebajarla.






