Abel Balderstone, el líder del equipo navarro, recuerda a su compañero, en coma después de chocar contra un coche mientras entrenaba: “Pensábamos ir al Tour juntos, como siempre, pero será difícil”

Abel Balderstone asciende hasta la base de la Torre de Hércules, allí desde donde se domina el mundo y el imperio romano choca con el Atlántico, y se desploma mareado, la cabeza un tumulto de lactato y endorfinas, tan lejos llegó arañando las arrugas del esfuerzo, y el corazón herido. Es joven y fuerte, se siente inmortal, 25 años, más de 1,90, tan rubio como altísimo, piernas de garza que giran velocísimas y hábiles, las ruedas de la biciclet...

a alineadas como en un raíl de tranvía, sin salirse ni un segundo de la cinta de granito de seis centímetros que le permite ahorrarse saltos por las piedras desiguales de la avenida que sube hasta el faro, y mientras pedalea, cuenta, inevitablemente, un rincón de sus pensamientos está fijo en una habitación de la UCI del hospital Parc Taulí, en Sabadell, donde duerme, en coma desde hace dos semanas, su amigo Jaume Guardeño, compañero en el Caja Rural.

“Todo el equipo estamos igual, pero Abel quizás está más afectado porque ha compartido con él muchas experiencias buenas”, dice José Miguel Fernández, el director del Caja Rural en O Gran Camiño, que recuerda la impresión que sufrió el 31 de marzo cuando le contaron que Guardeño, de 23 años, había sufrido un accidente cuando se entrenaba cerca de su casa en Caldes de Montbui (Barcelona). Su bici tropezó con una piedra, el ciclista trastabilló para enderezarla y acabó chocando contra un coche. Se dio un golpe tremendo en la cabeza. Inflamación. Edema. Coma. Nadie ha perdido la esperanza de verle despierto, alegre y soñador de nuevo. Ni su familia ni sus compañeros. “Durante las cenas, todos los compañeros se preguntan por él. Cada uno dice, ¿sabéis algo más? Todo el momento el equipo quiere estar pendiente de si hay alguna evolución y estar atentos a él”. Comparten la información que les llega del médico del equipo, Laureano Ozcoidi, que está en contacto con la familia, y del entrenador Josep Codinach, que le visita regularmente en el hospital. Y todos intentan sonreír y dicen que, seguro, sale adelante, ¿no es acaso la resistencia su mejor virtud como ciclista? ¿No sorprendió a todos a los 20 años cuando debutó en la Grandissima, la Vuelta a Portugal, horno de calor y dureza, que todos temen, y cada día iba a más, a más? Terminó 18º y mejor sub-23, y si dura más la carrera mejor habría quedado.