El gijonés Iván Álvarez ha ideado en Violetta et Alfredo un concepto improbable que mezcla ópera, dulce y un guiño a la pastelería española. Y se ha convertido en uno de los ‘brunch’ más conocidos de la capital francesa

En París, es difícil pasear por la rue de Trévise y no pararse ante un salón de té del que brotan glicinas moradas. A las flores (artificiales) de la fachada, se unen las colas de quienes esperan hasta cuatro horas para probar los pancakes esponjosos de Iván Álvarez (Gijón, 47 años), un asturiano que cambió la informática por la pastelería para cumplir un sueño que aúna su pasión por la ópera y el dulce. El resultado fue Violetta...

et Alfredo, un rinconcito decorado con molduras doradas, sillas tapizadas y cortinas brocadas, en lo que parece un salto a un salón parisino del siglo XVIII. De fondo, claro, suena La Traviata de Giuseppe Verdi, y las arias preferidas de Álvarez, que las ha utilizado además para bautizar sus platos más vendidos: Addio del passato para el pancake esponjoso con huevos, cheddar y salsa de queso; Ammami Alfredo, con aguacate, salmón ahumado y mascarpone; o La belle au bois, los dulces, con frutos del bosque y chantillí.

“No busco que la gente llegue, haga la foto y se vaya. Quiero que pasen un buen momento y mucha gente me lo dice: ‘Me siento como en casa de mi abuela’. Ese es el comentario que quiero”, dice el asturiano. La carta de este salón de té, abierto todos los días de diez de la mañana a siete de la tarde, ofrece sobre todo fórmulas de brunch, desayunos y almuerzos ligeros, con sándwiches y brioches salados, y otros placeres dulces para quienes busquen merendar a cualquier hora con un buen té. Lo sirven en teteras y tazas de porcelana, una presentación un tanto pasada de moda que destaca entre la masa de cafés de especialidad con decoración minimalista y bancos corridos que inundan la capital francesa (y las de otras ciudades del mundo).