El objetivo de este emblemático restaurante es llegar a un público más amplio con un menú para la franja de 20 a 39 años donde los comensales desembolsan tantos euros como años tienen
La Venta lleva muchos años en lo alto de Barcelona, con la ciudad a sus pies. También está junto al Merbeyé, como cantaba Loquillo sentado en su viejo Cadillac. Más de un siglo después de su apertura como Viñas, persiste al lado del funicular del Tibidabo, convertida en una casa de comidas de cocina catalana con muy buen producto y bien tratado, que pasa por ...
su mejor momento. Con varios vaivenes, hace más de una década se lo quedó un cliente habitual, Lluís Vinyes, y al mando del día a día está su hijo Luis Vinyes, que se ha sacado de la manga un menú para los jóvenes, que pagan tantos euros como años tienen con reserva previa. A los de veinte, les sale de fábula.
No había tenido nunca un negocio de restauración, pero Lluís Vinyes, el padre, empresario inmobiliario y de seguros, siempre dijo que si un día tenía un restaurante sería su preferido, que era como una extensión del comedor de su casa, situada a pocos metros de la plaza del Doctor Andreu donde se encuentra La Venta. Es un clásico de la ciudad, que abrió en 1903 como Viñas, un lugar de parada de los carruajes que recorrían la avenida del Tibidabo. Más tarde fue popular por celebrar banquetes y comuniones, hasta que en 1975 se lo quedaron Paco Bosch y Fernando Amat, el mismo que convirtió la tienda de diseño Vinçon en un icono de la ciudad.






